
Poco antes de que Basilio falleciera, nacía en el país vecino quien asumiría por primera vez el título de Emperador de Bulgaria, Simeón I el Grande. El padre de Simeón, Boris I, impuso la unificación religiosa en el reino cristianizando a búlgaros y eslavos, que tuvieron que abandonar sus cultos paganos. Alcanzando la vejez, Boris se retiró a un monasterio y cedió el trono a su primogénito Vladimir. El hermano mayor de Simeón impuso una política religiosa contraria a la de su padre, imponiendo nuevamente el paganismo. Boris, que fue santificado años después, abandonó su retiro monacal, ordenó apresar y cegar a su hijo Vladimir, y colocó en el trono a Simeón, quien reconduzco el país al cristianismo.
El reinado de Simeón coincide con el del emperador León VI el Sabio, sucesor de Basilio I, quien no heredó las habilidades estratégicas de su antecesor y sufrió derrotas militares en todas sus fronteras. Una disputa comercial inicia el conflicto búlgaro-bizantino de esta época, ocupando las tropas de Simeón Tracia y Macedonia. León VI, con sus ejércitos derrotados u ocupados en frenar el avance árabe en Anatolia, cierra un acuerdo con los magiares, quienes invaden Bulgaria desde el norte, forzando a Simeón a replegarse y pactar un débil armisticio con Bizancio. El rey búlgaro ya tenía en el punto de mira Constantinopla, ciudad cuya conquista persiguió durante toda su vida, pero decide dirigirse al norte para ajustar cuentas con los magiares.
Simeón de Bulgaria pacta con los pechenegos una invasión conjunta de territorio magiar y pide a su padre Boris I que abandone el soso monasterio para echarle una mano contra estos duros adversarios. Tras sangrientos enfrentamientos, los magiares fueron vencidos y expulsados hacia Panonia, donde años después fundarían el nuevo reino de Hungría.

Pocos años después, los bizantinos reúnen un nuevo gran ejército y lo lanzan contra territorio búlgaro a la vez que instan a serbios, magiares y pechenegos a atacar Bulgaria por el norte. Simeón I sale al encuentro de los bizantinos con un ejército menor en número, ya que parte de sus tropas deben mantenerse al norte vigilando a sus díscolos vecinos. La Batalla de Aqueloo, en el 917, fue una de las más importantes de la Edad Media Europea, en ella los búlgaros debilitaron su centro y mantuvieron oculta en un flanco una reserva de caballería pesada; cuando los bizantinos rompieron el frente búlgaro e iniciaron la persecución, la falsa retirada búlgara se transformó en un ataque envolvente en el momento en que la caballería oculta se lanzó sobre los desorganizados bizantinos que creían estar obteniendo una victoria.

Entre tanto, el grueso del ejército búlgaro se dirige hacia Serbia, cuyo rey había pactado con los bizantinos atacar Bulgaria. Simeón captura al monarca serbio y coloca en su lugar a un rey títere. Mientras, en Bizancio se producen cambios políticos, tomando el poder Romano Lecanepo, quien se opone a cualquier alianza matrimonial que pueda acercar a Simeón al trono de Constantinopla. Esto lleva a una nueva invasión búlgara del territorio bizantino, las huestes de Simeón asedian otra vez Constantinopla y destrozan a los ejércitos bizantinos que les salen al paso. Simeón I busca aliarse con los árabes fatamíes que podían ofrecerle la flota que necesitaba para capturar la capital bizantina, sin embargo, el hábil Romano Lecanepo juega mejor sus cartas y da al traste con estos acuerdos pagando un mejor precio. Igualmente, los bizantinos sobornan a los serbios para deponer al rey títere impuesto por Simeón y revelarse contra este. Aunque los serbios consiguen alguna victoria militar, su país es anexionado a Bulgaria. Simeón y Romano pactan finalmente una paz estable en la que la factura la pagan los bizantinos.

Siendo ya anciano, Simeón organiza una campaña contra Croacia en la cual sus ejércitos son derrotados, aunque los líderes croatas aceptaron una rápida paz para evitar posteriores represalias. En sus últimos años de vida, Simeón organiza una nueva expedición para tomar Constantinopla, aunque ésta no llega a producirse, para alivio bizantino. El hijo de Simeón era mucho más conservador que su padre y se conformó con disfrutar lo heredado, dando un respiro a Bizancio para recuperarse de años tan aciagos.
La extraordinaria figura de Simeón no sólo significó para Bulgaria la consolidación política y militar de esta nación en Europa Oriental, sino que también supuso la promoción de la cultura eslava, desarrollándose ampliamente la literatura y el arte en su corte de Preslav, capital en expansión del reino búlgaro. Simeón fue un gran personaje para la Historia, pero para la historia de Bulgaria fue un personaje primordial.
2 comentarios:
Muy buena entrada, me encanta leer sobre todos estos personajes que no conocía. Me ha encantado la imagen del anciano en el convento al que su hijo va a pedir ayuda.
Se ve que el convento tenía puerta rotatoria de esas, porque el tío no hacía más que salir y entrar ¡qué crack!, santificado por sacarle los ojos a su primogénito...
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