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sábado, 11 de septiembre de 2021

Armaduras III: CLASIFICACIÓN 2ª PARTE, MATERIALES.

 

Los distintos tipos de armaduras se diferenciarán también por sus MATERIALES O COMPONENTES. En general las armaduras se reservaban y solo se vestían para combatir. Durante los viajes no se porta armadura pues cansa mucho más y ocasionarían rozaduras o heridas durante una marcha o cabalgada larga. Solo las armaduras ligeras y flexibles se podrán llevar durante el viaje sin causar fatiga.


Guardas, gambesón o acolchado. Aketón. Subarmalis romano.

Prenda de varias capas de tela recia rellenas de material de acolchado. Se usa como protección bajo otras armaduras para evitar rozaduras de la misma o como armadura muy ligera. Barata según el material empleado. El modelo más elemental de armadura es la túnica gruesa y sería equivalente. Mantenimiento fácil aunque puede albergar parásitos, mal olor, etc. Sensible a la humedad. Sufre desgaste por el uso y es sensible a los combates (cuando está expuesta directamente sufre doble daño por críticos). Da protección frente a bajas temperaturas y puede ser molesta en climas cálidos por lo que también se hacían guardas de otros materiales como el cuero fino. Hay cofias para la cabeza, chalecos y la prenda completa que cubre torso y brazos se denomina gambesón completo, llegando algunos a cubrir los muslos. Hay perneras para usar bajo armaduras duras en las piernas. Permite apilar otras armaduras, para lo cual pueden presentar incluso correajes y puntos de anclaje de esas piezas superpuestas. Algunos tipos de gladiadores estaban defendidos en algunas partes del cuerpo solo con este tipo de armadura ligera (perneras de los hoplomachus, reforzadas en los murmillo). Anteriormente se empleó de forma similar el linotórax, un tipo de peto de múltiples capas de lino, posiblemente adheridas en algunos puntos con algún tipo de pegamento orgánico (queratina de pezuñas, resinas vegetales, …) cuyo empleo estuvo ligado a diferentes campañas según las condiciones climáticas y necesidades logísticas. Se especula con que se hiciese en otros materiales o que sirviese para sujetar otras piezas de armadura. En otras épocas y latitudes otros pueblos usaron otras fibras vegetales para obtener el mismo resultado, siendo el escaupil o ichcahuipilli mesoamericano un peto de algodón trenzado con fibras de maguey y tratado con salmuera. Su efectividad contra las flechas hizo que incluso los conquistadores los adoptasen en ocasiones.


Cuero blando.

Prendas de cuero curtido, flexible y que ofrece protección ligera. Mantenimiento relativamente fácil para mantener en estado óptimo, resistente al desgaste. Leve protección frente a temperaturas. Ideal para llevar en climas cálidos frente a otras alternativas más calurosas, llegando en esas zonas a confeccionarse con tiras entrelazadas de cuero para conseguir mayor ventilación. Se pueden confeccionar todo tipo de prendas: capacetes y yelmos, justillos para el torso, chaquetas, chaquetones, brazales, musleras y grebas. Permite apilar otras armaduras.


Cuero blando tachonado.

Como el anterior pero con refuerzos de remaches de metal que ofrecen algo más de protección frente a ataques penetrantes. Mismas prendas con algunas especiales como el balteus romano, cinto de tiras de cuero con piezas de metal que protege la zona inguinal con libertad de movimiento. No se recomienda apilar otras armaduras sobre esta.



Bárbara o de pieles.

Prendas de pieles usadas por tribus bárbaras. Sobre una base cuero fino o tela recia se cosen pieles de animales. Requiere un mantenimiento un poco más dedicado pues es fácil que albergue parásitos, mal olor, etc. Buena protección frente a bajas temperaturas e inclemencias como lluvia o nieve, pero puede estropearse si no se le cuida en esas situaciones. Muy incómoda en climas cálidos, afectando a la resistencia. Se confecciona para torso y sombreros que actúan como cascos. Un ejemplo sería la galea lupina hecha de piel de lobo que usaban algunas tropas romanas como los vélites y augures. Dejan las extremidades libres para poder moverse y combatir con más soltura. No se recomienda apilar otras armaduras sobre esta (ya es un dos piezas).


Cuero endurecido, coraza de cuero. Cuir bouilli.

Piezas de armadura (así como otros útiles: cofres, estuches, portalibros, etc). El cuero se somete una inmersión controlada en agua muy caliente (pero no hirviente) hasta que consigue una consistencia endurecida o bien se le somete a procesos de curtido especial (ceras, aceites, engrudos) pudiendo ser compatibles técnicas sucesivas. Según la materia prima, (grosor, especie animal, etc) y las técnicas se puede conseguir distintas calidades, tomando las reglas estandarizadas para un tipo normal. Mantenimiento según acabado final. Es más ligero que el metal, da cierta protección contra cortes y buena contra los golpes. Se confeccionan torso, cascos, brazales, musleras y grebas.


Cota de escamas. Lorica squamata romana.

Se cosen pequeñas placas (escamas) de material duro a una prenda de tela recia o cuero blando, superpuestas las de arriba sobre las de abajo. En distintas épocas y lugares se usaron distintos materiales para las escamas: bronce, hierro, semillas, madera, hueso (de ballena por ejemplo), cuero, cuero endurecido, cuerno, etc. Constituye un tipo de cuero reforzado con metal muy temprano en la historia, siendo las primeras referencias que se tienen provienen de armaduras que portaban los faraones egipcios cuando iban a la guerra, hechas de piel de cocodrilo cubierto de escamas de bronce junto con la corona de guerra azul, el Jepresh. En la época romana la lorica squamata estaba reservada a caballería (equites) y centuriones (oficiales) aunque también par músicos y la llamada plumata sería una versión exclusiva para altos rangos por su elevado coste de producción. También la usaban algunos tipos de gladiadores (eques, scissor y sagittarius).

Ofrece una buena protección a cambio de una cierta restricción de movilidad pero requiere un mantenimiento dedicado.

Se confeccionaban para torso, cabeza, brazos, incluso guanteletes.

Ofrece mejor protección contra perforación que las cotas de mallas estándard cuando la placa es de suficiente grosor, aunque sea más débil que esta frente a otros ataques.


Armadura de laminillas o lamelar.

Se trata de pequeñas piezas cosidas entre sí, sin necesidad de una base de tela o cuero. Pueden ser de metal o cuero que se podía endurecer por curtido o incluso laqueado. Típica de oriente (Europa del Este, Oriente Medio y resto de Asia, con especial uso en Japón). Desplazó a otras armaduras de escamas por ser más cómodas de usar, mejor ventilada, etc. Algunas disponían las láminas invertidas a las cotas de escamas (la inferior descansa sobre la superior).


Cota de mallas de anillas (con guardas).

Se atribuye su desarrollo a las tribus celtas del s. V a.C. y fue ampliamente utilizada durante largos periodos de tiempo intermitentes, siendo la dominante durante la mayor parte del medievo. En Roma se denominaba Lorica hamata romana, siendo cara de producir se reservaba a oficiales y legionarios con mayor poder económico, propia del fin de la república aunque presente desde mucho antes. Se extendió su uso en algunos momentos. Tuvo que ser sustituida al enfrentarla a los arcos compuestos partos que la atravesaban.

Son anillos de metal entrelazados que resisten las armas cortantes y según la construcción las penetrantes. Distintos calibres de alambre, distintos tipos de anillo y distintos modos de entrelazado que establecen distintas categorías, ligera o pesada. Distintas longitudes, con o sin mangas: camisotes o haubergón solo en torso también llamada de infante; lorigón o hauberk cubre torso, brazos y hasta muslos, también lalamda de caballero. De 10 a 30 kilos según todo ello. Se suele usar sobre guardas para que el metal no cause roces con el simple movimiento. Era frecuente usar bajo cascos y otras piezas de armaduras de placas (ver más adelante).


Cuero reforzado con metal. Brigantina.

Piezas de armadura en los que una prenda de capas de tela fuerte o cuero blando la cual alberga lamas de metal en su interior e incluye un acolchado. Su mantenimiento presenta los inconvenientes del metal por su oxidación y de la prenda que puede albergar parásitos o deteriorarse. En climas cálidos el sudor mantenido corroe el metal que es inaccesible. Protección moderada frente a temperaturas. La brigantina o jaco lorigado es una chaqueta o chaquetón de tela fuerte de este tipo y en general protegía torso y brazos y a veces parte alta de muslos, fabricándose tanto en lona, lienzo, seda como cuero fino. Una precursora se denominó jacerina. También se confeccionan chalecos y se pueden hacer cascos de cuero y metal, brazales, musleras y grebas. Es una evolución de ciertos tipos de armaduras de placas segmentadas que buscan un buen balance entre movilidad y protección de las láminas de metal. Al estar expuesta la capa de tejido, sufre el doble frente a críticos por lo que requiere reparación frecuentevar.


Cota de mallas reforzada con placas (con guardas).

Sobre una cota de malla se aplican placas de metal en las zonas más nobles, con diferentes tamaños.

Durante la época romana las tropas de primera línea portaban estas placas y solo si podían permitirse añadían la cota de malla debajo. Durante el medievo la evolución fue al contrario, a partir del uso de coseletes de material flexible como podía ser la cota de anillas o escamas, se reforzó las zonas centrales del pecho con placas de metal adicional a partir del 1300 o mediados de ese siglo y se acabó en el siguiente paso.


Placas (con guardas). Lorica segmentata romana.

La lórica segmentata se componía de láminas de metal superpuestas, ofrecía una mayor protección que la lorica hamata con menor peso, pero requiere un mantenimiento más frecuente y necesitando un taller especializado con múltiples piezas de metal y enganches. En climas húmedos y calurosos la corrosión por sudor la hacía inviable. No se fabricaba más que para torso y hombros y dejaba las piernas sin proteger. Requiere de ayuda para su colocación. Era de uso entre los legionarios pero limitada a ciertas zonas fronterizas europeas: Britania, Germanias, Dacia, norte de Hispania y su implantación está descrita históricamente a necesidades especiales según el armamento enemigo (falcatas, romphaias, hachas germánicas, etc). Peso de un peto con hombreras 11 kg en acero de 1,3mm, entre 6 y 9 kilos sin aquellas. Un tipo especial sería la manica o lórica manicae, que se utilizaba en el brazo del arma tanto primero por gladiadores (crupelarius, hoplomachus, murmillo, provocator) como después por legionarios de algunas épocas (introducida por Trajano para contrarrestar la falx dacia). Son de hierro, acero o aleación de cobre (bronce) y de láminas superpuestas.

En el medievo de nuevo se retomó este tipo de armaduras de segmentos de placas a partir de sobreponer láminas a los coseletes ligeros de malla, escamas o cuero tachonado, siendo un tipo de coseletes de transición de malla y placas a lo largo del s.XIV. En el siglo siguiente se desarrollaron distintas formas de placas segmentadas y articuladas (ver brigantinas, jacerinas) y por otra parte distintos tipos de petos algunos destinados para los abordajes marítimos o bien petos rígidos que dieron lugar posteriormente a las corazas góticas más tardías de s.XV tardío y sXVI que serían el culmen de las corazas.


Coraza (con guardas).

Los griegos desarrollaron las primeras corazas conocidas, en bronce, si bien la infantería pesada rara vez las usaba y preferían defenderse con sus grandes escudos por su excesivo peso y pérdida de movilidad, llegando a extremos alarmantes. La única coraza conocida de la antigüedad capaz de soportar la onda de choque de un arma de asedio como un escorpión estaba hecha en hierro y pesaba 20 kg (hecha por Zoilo de Chipre a Demetrio Poliorcetes de Macedoniael asediador de ciudades”). Esto nos ilustra el amplio rango de grosores y pesos que se podrían encontrar. Posteriormente los romanos rescataron su uso como Lorica musculata, hecha de bronce, con claro uso decorativo y por ello fabricadas en bronce, reservada para aquellos más pudientes y de imitación del estilo griego.

En la época medieval son propias de la Baja Edad Media, en distintas formas y evoluciones. Las piezas más resistentes se limitaban al torso y la cabeza, dejando el resto de piezas a la que denominamos como armadura de placas de la categoría anterior. En acero actual de 1 mm de grosor un peto pesa unos 5 kg. Aquí dejamos abierta la puerta a un capítulo especial que serían las aleaciones de acero y su repercusión en los grosores de las armaduras.

Armaduras II: CLASIFICACIÓN PARTE 1ª LOCALIZACIONES.

Las armaduras se componen de piezas defensivas sobre el cuerpo para protegerse de los ataques recibidos de forma pasiva. Según la LOCALIZACIÓN corporal (en 1D12) que protegen encontraremos:


Cabeza (1): CASCO. Una de las piezas de armadura más apreciada por los combatientes puesto que la cabeza es la localización más sensible. Esto hizo que su desarrollo y empleo superase en prioridad al de otras piezas de armadura. Hay distintos tipos según cuanta superficie cubren. Los cascos más cerrados ofrecen mayor protección pero dificultan la percepción. Esa protección se tendrá en cuenta a la hora de dificultar ataques que pretendan evitar la armadura o intentar localizaciones especiales como acertar a los ojos. A lo largo de los distintos periodos de la historia así como diferentes lugares se han empleado muchos tipos de cascos con diferentes nombres. Nosotros los clasificaremos en tres grados y asignaremos un nombre general que no tiene que ser del todo certero para cada grado pero nos ayudará para esta clasificación de algún modo.


Grado I. Cascos que solo cubren la parte superior del cráneo, desde encima de los ojos y dejan libres las orejas, los llamaremos CAPACETES. Su forma puede ser variada desde formas semi-ovoides a cónicas. En los materiales más ligeros algunos sombreros actúan como equivalente a un capacete ligero. Algunos, como el casco normando, presenta una protección nasal que protege los ojos de tajos horizontales y la nariz. El resto de estos cascos deja desprotegidos ojos, oídos, etc.


Grado II. Aquellos cascos que ofrecen distintas protecciones adicionales como carrilleras, viseras fijas, protecciones para la nuca, etc: tenemos la galea romana, la celada, la bacineta, el morrión, borgoñetas, barbutas medievales abiertas en diferentes grados (a imagen de los kranos corintios), etc. Por escoger un nombre el más representativo sería la GALEA típica romana. En general dificultan algo la visión y bastante más la audición. El portador puede ser obligado a realizar tiradas de percepción para no ser sorprendido en el fragor del combate, reaccionar a órdenes o avisos de sus compañeros, etc. Un tipo particular lo constituye el almófar, que es una capucha de cota de mallas sobre una cofia de tejido acolchado que en conjunto protegen toda la cabeza rodeando esta por completo salvo el óvalo de la cara e incluso en algunos casos disponía de una pieza adicional para cubrir la cara de forma que solo quedasen los ojos descubiertos y que ya entraría en la categoría siguiente. Si no se dice lo contrario, en este grado protegen orejas y nuca.


Grado III. Por último tenemos el YELMO que es el nombre que reservamos para un casco completamente cerrado con una rendija para ver y rejillas para respirar. Los “grandes yelmos” son cerrados y sin partes móviles, típicos de las cruzadas y de las órdenes monacales guerreras. Más adelante se desarrollaron los bacinetes, en los que sí había una visera móvil. El concepto de yelmo es más amplio y abarca a muchos cascos de la categoría anterior, pero lo utilizamos para diferenciar en esta clasificación. Las barbutas más cerradas se podrían considerar como yelmos con ranuras fijas. Ofrece la máxima protección, pero también la máxima dificultad a los sentidos e incluso ocasiona fatiga adicional (por asalto de combate con yelmo cerrado se aplica penalización en las tiradas de fatiga mantenida). La visión periférica está anulada y la audición muy impedida. Además de la capa externa incluyen un acolchado interior para proteger la cabeza, pero que también aísla más de sonidos externos. Los yelmos, al ser armazones cerrados, ofrecen una estructura compacta y más rígida, por lo que su resistencia a los ataques puede estar incrementada además de la mejora de superficie cubierta. En los yelmos también se empleaban capas más gruesas de metal que en otras partes del cuerpo (hasta varias veces más grueso).

En los yelmos se incluyen algunas piezas adicionales con nombre propio, como la babera o barbote para la protección de la boca, barbilla, y mandíbulas. Además tenía partes como podían ser la cimera (decoración situada en la zona superior), la ventalle que permitía una abertura lateral junto a la visera.


La categoría de casco influirá sobre todo a la hora de aplicar penalizaciones a las percepciones (incluido el equilibrio). Algún casco concreto podrá tener en su descripción alguna característica específica que cambie esta generalidad, pero usaremos como norma general lo siguiente:


Cat.

Nombre

Ver

Oír

Fatiga

Penalización para evitar cobertura

Extras

I

Capacete

0 a -1

0

0

0


II

Galea

-2 a -4

-4

0

+3 DA


III

Yelmo cerrado

-5 a -8

-6

+1/asalto

+5 DA o ++

+1 DT


Brazos (2 y 3). Algunas armaduras incluyen en su peto mangas unidas al mismo material, como pueden ser los gambesones, las brigantinas, los lorigones de malla, etc. En las armaduras pesadas los petos solían incluir protección para los hombros al menos, las hombreras, pero se considerará que corresponde a esa localización principal del torso que veremos más adelante. En otros casos son piezas independientes de material que llamamos en general BRAZALES aunque en los arneses completos se desarrollaron piezas con nombres específicos: hombreras (que pueden formar parte del peto), guardabrazos (protege el brazo propiamente), sobaqueras (resguardar la parte delantera y trasera de las axilas), codales (cubre el codo), brazales o avambrazo (protege el antebrazo), cangrejos (protegen la parte opuesta del codo o sangría del brazo) y después manoplas, lúas, guanteles, guanteletes, manteles o mandiletes, incluso con piezas móviles para cada dedo, que protegían las manos, y las muñecas.

Un tipo especial de armadura de brazo es la manica romana, que podía ser de placas de cuero endurecido o preferiblemente de metal y se usaba en el brazo armado (típica de ciertos gladiadores). El uso de esta pieza veremos que se extendió posteriormente entre los legionarios para enfrentar el falx dacio y tracio, como en su día las falcatas íberas obligaron a poner refuerzos de metal en los escudos de los legionarios.


Torso, que incluye tórax (4 a 6) y abdomen (7 y 8). Generalmente se emplea una misma pieza para estas localizaciones en conjunto, aunque pueda estar compuesta de varios elementos (peto o placa pectoral y placa espaldar, por ejemplo).

En el medievo los petos fueron adaptándose y acortándose para ganar movilidad, formando en la parte inferior de abdomen y caderas el volante o falda y la pancera para el vientre hecha de malla en el frontal y los guardarrenes posteriores en la región lumbar, la bragadura para proteger la entrepierna y la culera para los glúteos, también hechas de malla. En otros lugares se aplicaron a modo de faja en materiales flexibles, como el tare de las armaduras japonesas.

En la parte superior la gola cubría la delicada parte del cuello, mientras que el gorgal o gorguera reforzaba la parte alta del pecho, incluyendo la garganta y la espalda, llegando a sustituir a la gola. La cubrenuca servía para cubrir la zona que va del cuello a los hombros. Cuando estas piezas eran de malla de denominaban alpartaz.

Como decíamos arriba las armaduras del torso a veces también solían incluir algún tipo de protección para la zona de los hombros de impactos descendentes que atravesasen el torso de arriba a abajo, siendo este uno de los golpes más poderosos que se podía infligir al aprovechar la fuerza de la gravedad a favor del ataque. El desarrollo de la Lorica segmentata estuvo condicionado por los enfrentamientos de los ejércitos romanos con enemigos que disponían de armas de gran poder cortante que literalmente amputaban a los legionarios los brazos de un tajo y se atribuyen a las romphaias tracias. Otros le dan un origen en una armadura de gladiador (crupelarius, al uso galo forrado en hierro) y la dificultad para sofocar una rebelión de estos esclavos que tuvieron los romanos, obligados a usar hachas y zapapicos para acabar con los insurrectos. Posteriormente volvemos a encontrar hombreras medievales las cuales eran piezas específicas que tenían la función de proteger solo la parte que cubría por detrás los omóplatos, aunque en ocasiones se extendía esta pieza por la parte delantera sustituyendo a las bufas, que eran propiamente las piezas que protegían la zona de la clavícula.


Piernas (9 a 12). Algunas armaduras más largas incluyen integrada en su construcción las musleras o quijotes (9 y 10) como pueden ser los lorigones y algunas armaduras en formato de chaqueta larga o chaquetón como pueden ser algunas brigantinas pesadas, gambesones pesados, etc. Estas se denominaron también escarcelas y se anudaban a la falda, siendo los escarcelones mayores que estas y articulados hasta la rodilla, la cual tenía su propia pieza en la armadura completa llamada rodillera y podía tener unos abanicos laterales externos.


En la parte inferior que corresponde a la pierna (11 y 12) se utilizan GREBAS que pueden denominarse a veces espinilleras, y en para la parte posterior los grebones que cubrían las pantorrillas. Los escarpes o escarpines cubrían el empeine aunque a veces se usaban zapatos herrados para proteger los pies.


Por último existirían algunas piezas de armaduras que solo se pueden definir como accesorias. Serían placas sueltas, generalmente de materiales duros y preferiblemente metálicas, que se usaban atadas bien desnudo o sobre ropajes o bien sobre otras armaduras, que protegen órganos vitales como pueda ser el corazón y el centro del torso, etc. Se denomina cadiophylax. Estas piezas no protegían de todos los impactos aunque a cambio daban cierta libertad de movimiento y entorpecían menos que las corazas completas. Además son más simples de producir, requieren menos material y por tanto son más baratas de adquirir. En la Roma prerepublicana eran típicas en las primeras filas y se colocaban en el pecho sobre el corazón. En el Japón feudal algunos guerreros empleaban piezas de armadura parcial en forma de banda como el hachigane que en la cultura cinematográfica primero popularizó el personaje Kanbei de los Siete Samurais y después muchos mangas y animes bien conocidos. En el peto del arnés de torneo se colocaban también piezas especiales, como el ristre, un hierro en el pecho para afianzar la lanza, así como la tarja o tarjeta, un escudo sujeto a la zona superior izquierda del peto con el emblema heráldico del caballero.

jueves, 25 de abril de 2019

Arcos IV: ¿Y en la Tierra Media qué?

El mundo de la arquería histórica no se limita a los arcos. Podríamos explayarnos con precisiones sobre los componentes como las cuerdas o pasar a la flechería (puntas, astiles, tipos de emplumados, etc) y mil y una variantes que se dieron a lo largo de la historia, siendo el arco un arma tanto de caza como de guerra durante muchos milenios, teniendo gran protagonismo en algunos pueblos como vimos desde nuestra entrega de esta serie. Tal ven en un futuro con algo más de tiempo nos extendamos por esos derroteros, pero no hoy.

A efectos prácticos toca centrarnos en los arcos que podamos encontrar en la Tierra Media, con el referente de realidad histórica que hemos visto en las tres entregas anteriores. 



Tolkien Puro: Silmarillion y Tierra Media.
Las referencias literarias a los arcos son bastante pobres para caracterizarlos. Los arcos son comunes entre los guerreros, pero no son detallados la mayoría de las veces. Según la Edad podemos encontrar varias menciones.

EDADES DE LOS ÁRBOLES.


Oromë, el gran Cazador, suministró a los elfos instrumentos para ayudarles en la protección de sus huestes de las criaturas de Mordor. En Valinor se usaban espadas, lanzas y arcos. Melkor les aconsejó portar armas. Los elfos teleri de Alqualondë no tenían otras armas que unos arcos delgados o planos.



PRIMERA EDAD DEL SOL.
Durante esta Edad los elfos usan frecuentemente dardos y jabalinas contra sus enemigos, tanto o más que arcos.
Los elfos noldor guardianes de la Quinta Puerta de Gondolín, la de Plata, son arqueros, armados en las armerías de Turgon.
En Doriath Beleg Arcofirme era el jefe de centinelas de Thingol quien tenía un gran arco de tejo negro llamado Belthronding.
Tuor cumplió quince años y fue hábil en el manejo de las armas, el hacha y el arco de los Elfos Grises.
En Nargothrond deambulaban en secreto arqueros de gran habilidad, las flechas llegaban seguras a destino y eran mortales para los intrusos en su bosque. Se les conoce por su estilo de lucha de guerrillas de emboscada y flecha.
Tal vez sea ya de esta Edad el origen de la gran reputación como arqueros de los elfos.
Los orcos de las huestes de Melko, por su parte, usan arcos de cuerno.

SEGUNDA EDAD.


Los Numenoreanos destacan porque en vez de portar espadas, tienen armas para el deporte y el pasatiempo: hachas, lanzas y arcos para tirar a pie y a caballo. Con las guerras posteriores sus arcos fueron los más temidos: 'Los Hombres del Mar', esto fue dicho, 'envían antes de ellos una gran nube, como una lluvia envuelta en serpentines, o un granizo negro volcado con acero'; y en aquel tiempo las grandes cohortes de los Arqueros del Rey usaron de acero hueco con flechas de plumas de un ana de largo, negras llenas de muchos puntos para hacer una muesca.

Por su parte los orcos lanzaban también nubes de flechas, pero no hacían mella en las armaduras de los hombres aunque finalmente a Isildur lo mata una de estas flechas.

TERCERA EDAD.



Thorin usa un arco de hueso para amedrentar a un heraldo de los hombres con una flecha que se clava en el escudo de este. Antes en el bosque negro, en cuanto llegaron a tierra preparó su arco y puso una flecha.

Los Elfos del Bosque Negro, usan en sus patrullas arcos y lanzas, con extrema precisión en sus flechas. Destaca Légolas con su vista más aguda que el resto de los elfos que de por sí tienen una vista excelente, hace su arco mortífero para los orcos y para el resto de sus enemigos. A su partida de Lórien recibió un arco como los que usan los Galadrim, más largo y fuerte que los arcos del Bosque Negro y la cuerda era de cabellos élficos. En el Abismo de Helm deseó que hubiera un centener de arqueros del Bosque Negro, que en la versión cinematográfica sí se personaron liderados por Haldir.



De los hombres del Bosque dice Gwaihir que le dispararían con esos grandes arcos de tejo pensando que iban a robarles las ovejas.

De los hombres del Valle se sabe que Bardo tiraba con un gran arco de tejo, que las tropas de la Ciudad del Lago se componen de arqueros y lanceros pero que también usan venablos y largas espadas.

Entre las filas de los rohirrim algunos esgrimían arcos, siendo unos pocos jinetes capaces de disparar hábilmente desde un caballo a la carrera. Buenos arqueros a su manera pero escasos ya que son más dados a arrojar lanzas desde sus monturas como práctica habitual.

De entre los Gondorianos destacan los Hombres de Ithilien que usan arcos grandes casi de la altura de ellos y grandes carcajes repletos de flechas largas con penachos verdes, dados a las emboscadas. En la batalla de los Campos de Pelennor participaron quinientos arqueros de las mesetas de Morthond, del ancho Valle de la Raíz Negra y tras la batalla los mumakil tenían los ojos traspasados por las flechas de los valientes. En esta batalla se dijo que hubo arqueros de la destreza de que antaño se enorgulleciera Gondor.

Los hombres salvajes del bosque Druadan usan flechas envenenadas, como los orcos.

Los hobbits. Podían manejar armas, tiraban bien con el arco pues eran de mirada certera y manos hábiles, y si cogía una piedra lo mejor era ponerse a resguardo. Enviaron algunos arqueros al Rey en la última batalla de Fornost contra el Señor Mago de Angmar, aunque nunca retornaron y no se menciona en las historias de los hombres.

Entre las huestes de la Oscuridad los más abundantes son los orcos. Usan flechas de penachos negros de forma habitual, preferiblemente en emboscadas como a la Comunidad del Anillo en el Anduin. Suelen usar ponzoñas y tiran flechas "de cualquier modo". En Cirith Ungol un rastreador portaba un arco de cuerno y el Uruk de Mordor portaba un arco a la espalda. 

Los hombres del este son arqueros a caballo y sus comandantes usan carros de guerra. Los Haradrim usan flechas y con estas hieren a Faramir.
Y esas son todas las referencias que he podido encontrar buceando en la literatura tolkieniana.

Una última cuestión significativa y que considero que hay que dejar clara es que Tolkien no describe el uso de ni una sola ballesta en toda su obra. Durante la Edad Media la ballesta tuvo muchos detractores "morales", como tal vez podamos ver en una futura entrega. Era un arma que no se consideraba digna ni caballerosa. Esto puede que influyera en el autor o puede que no, no lo sabemos. El mundo tolkieniano es bastante reacio en su idílico bucolismo a introducir ingenios mecánicos como este arma. Podríamos pensar que eran armas viles más aptas para los orcos, pero además de esa complejidad, hay que añadir que las ballestas son caras y requieren un cierto mantenimiento, lo cual las aleja de la idea de las huestes salvajes de orcos. Lo importante es que no aparecen en los libros y solo la versión cinematográfica las ha introducido en el universo tolkieniano. Por tanto su uso se ha de resaltar como algo exótico y ligado al carácter proto-industrial y artificial que le otorgan a Saruman frente a la naturaleza virgen e idealizada ligada a los héroes.  

domingo, 3 de marzo de 2019

Arcos III: Tipos. Complejidad, aquí vamos.


Como vimos en el artículo anteriorsobre los arcos simples, para aumentar la potencia de un arco no siempre era posible alargar las palas, bien por sus inconvenientes inherentes (peso, durabilidad, material, etc) o bien por las circunstancias exigidas para su uso (jinetes, por ejemplo). Adicionalmente, hoy en día se ha comprobado mediante estudios en laboratorios de ingeniería que los arcos simples no consiguen ninguna mejora en el desempeño a partir de las 120 libras de tensado. Es decir, hay un punto que ya no permite obtener mejor resultado por muy tocho que hagamos el arco si este es simple. Los arcos largos simples medievales más bestias, por otra parte, estaban entre las 80 y 120 libras de tensado máximo, lo cual coincide con la conclusión de esas pruebas. (Hoy en día se usan arcos largos de entre 30 y 55 o 60 libras como máximo, no existiendo en nuestros días tiradores de precisión capaces de superar esas fuerzas).

Dado que no se podía proseguir por ese camino para mejorar el desempeño, desde muy pronto los artesanos fabricantes de arcos comenzaron a experimentar modificaciones en sus arcos. La primera fue introducir curvas forzadas en la silueta de las palas. Algunos listones de madera, por sus características naturales, tienen cierta tendencia a producir una curvatura natural per sé en los arcos recién hechos. Esto es conocido por todos los arqueros que usan arcos monobloque. Con el tiempo, incluso, algunos arcos se dejan vencer en sentido contrario por la cuerda y adoptan la forma obligada por esta. Sin embargo, no son estos procesos a los que hacemos referencia, sino a procedimientos artificiales en la construcción que buscan optimizar las fuerzas de tensado. El mecanismo más sencillo era mediente el calentamiento de la madera, no obstante técnica harto delicada de por sí pues requiere cierta pericia para no desgraciar el arco. Calentando un segmento se podía curvar este alterando el grado de humedad de la misma y consiguiendo cierto grado de polimerización lo cual, tras crear el ángulo deseado, se mantenía al enfriarse. Con ello se conseguía una mayor fuerza de tensado sin necesidad de aumentar tanto la longitud. Esto abría el abanico a una mayor variedad de distintos tipos de arcos: angular, recurvo, reflejo (o de curva invertida), etcétera. Los arcos monobloque fueron tratados con estos procesos ya desde el Antiguo Egipto, también son los arcos clásicos mediterráneos y el ya citado arco escita con doble recurvado y se difundieron por Europa Central y del Norte durante toda la Edad Media, en especial tras el contacto de los guerreros europeos con los orientales en las Cruzadas. En Oriente Medio mantenían el uso de estas técnicas y fueron introducidas también en los arcos largos simples , aplicados a sus puntas. La producción de arcos recurvados, no obstante, requiere mayor grado de maestría y por tanto los encarece respecto a los arcos simples sin curvar. La variedad es tan extensa que no es objeto de este artículo detallarlos todos. Además, el arco recurvado suele desarrollarse más y mejor con los arcos compuestos que veremos más adelante.

Al final de nuestro artículo de los arcos simples incluíamos también una reseña sobre su mayor durabilidad a la humedad. Además esta propiedad se puede mejorar tratando la madera con ceras o incluso pintando los arcos con pigmentos que los hicieran resistentes. Los reputados arcos largos ingleses se pintaban de blanco de forma distintiva, por ejemplo. Supongo, y esto es una apreciación puramente personal, que el tipo de pigmento tendría además algún tipo de característica añadida contra plagas (insectos, moho, putrefacción, etc), puesto que muchos pigmentos de la época eran tóxicos y por tanto, plaguicidas. Otra opción era el uso de cera: inicialmente se comenzó a usar en la zona de la empuñadura, para evitar que el sudor de la palma entrase en los poros de la madera y la debilitase. Es decir, vemos como los tratamientos con otros materiales añadidos de forma superficial y elemental, existían en los arcos simples. También mencionamos en ese artículo como se aprovechaban las características diferenciales a la tensión y compresión de las distintas partes de un mismo listón de madera cortado adecuadamente. El siguiente paso lógico debió ser pensar ¿y si añadimos un material con propiedades aún más optimizadas? Ahí los artesanos comenzaron a experimentar con capas del material más elástico que conocían: el tendón animal. Y digo que el paso debió ser lógico porque se produjo de forma repetida en lugares totalmente aislados entre sí. Lo mismo en las estepas euroasiáticas que mucho más tarde en las praderas de norteamérica, los artesanos comenzaron a añadir una capa de fibras de tendón de animal a sus arcos en la zona que los entendidos denominan la "espalda", es decir, aquella que más se distiende. Esto otorgaba al arco unas propiedades de recuperación mucho mejores que en el arco simple y un mejor aprovechamiento de la fuerza, lo que los hacía más eficientes sin necesidad de alargar tanto las palas con todos sus inconvenientes.

Por otra parte, ya en algunos arcos simples se incorporaban otros elementos que reforzasen su dureza, en particular refuerzos de hueso en las puntas allí donde se anclaba la cuerda. Estos pequeños refuerzos llamados "orejas" permitían que la madera no se agrietase por una veta débil en el punto de contacto y además se podía pulir mejor para que la cuerda tampoco sufriera. En algún momento algún otro maestro artesano de las estepas se debió percatar de que esa dureza a la compresión sería ideal poder extenderla al resto del "vientre" de su arco, ya fuera el mismo hueso o, mejor aún, un buen cuerno. Nacía así el concepto de arco compuesto clásico, generalmente con vientre de cuerno y espalda de madera, siendo ésta además reforzada con tendón de animal. En otras zonas se utilizaron unidas lamas de diferentes maderas con diferentes propiedades para alcanzar un resultado similar (véanse más adelante los arcos de bambú). La idea clave es el uso de materiales diferenciales para así aprovechar las ventajas mecánicas de ambos combinadas. Pero para ello era necesario el uso de resinas o pegamentos orgánicos que permitiesen unir de forma persistente y resistente ambos materiales diferenciales a la par que soportar la fuerte distensión entre ellos. Esta unión, no obstante, constituía la mayor de sus debilidades, puesto que es susceptible a la humedad. Así, en climas húmedos los arcos compuestos ven comprometida su durabilidad.

En los materiales, como siempre, existían calidades. El cuerno básico era de buey doméstico en oriente, y cornamenta de alce o carnero de las montañas en norteamérica. Los mejores arcos persas,sin embargo se hacían con cuerno de íbice (más estilizado y naturalmente conformado). En los tendones sucedía lo mismo, siendo el básico de buey y el premium de gamo, nuevamente en el arco persa del siglo XVII.

Estos arcos compuestos requieren para su fabricación semanas de trabajo. Durante la misma se pueden adoptar curvas imposibles de alcanzar por mero recalentamiento, gracias a la aplicación de fuerzas mantenidas con poleas y pesos durante el secado natural de los materiales. Esto puede prolongar aún más su elaboración.

Véase este vídeo como muestra de la exquisita y complejísima elaboración artesanal:


Pertrechados con estos avances técnicos y tecnológicos, los artesanos desarrollaron todo tipo de variantes a lo largo de los tiempos. Arcos angulares, curvos, recurvos, reflejos, asimétricos, reforzados o a veces todo ello combinado. Así se conseguían armas que se adaptasen a necesidades específicas, principalmente que se pudiese utilizar a lomos de una montura pero conservando o incluso mejorando la potencia. La mayoría se relacionan al uso de carros de guerra o jinetes montados como sistemas de armas de la Antigüedad. Llegados a este punto sería excesivo detallar todos los arcos por lo habrá que hacer otro artículo la semana próxima.

domingo, 24 de febrero de 2019

Arcos II: Tipos. Arco simple.


Existen multitud de arcos según el tamaño de las palas, la silueta y sección de estas y la composición o materiales para su construcción, así como si están reforzados o no.

Así encontramos diferentes clasificaciones algunas de las cuales se superponen. La más elemental sería por el tamaño, que puede reducirse a arcos cortos o largos, si bien es muy relativa pues dependiendo del lugar y época donde se utilice el arco se considera largo a partir de un tamaño u otro siendo esta clasificación muy variable. Durante el medievo en la Europa continental se considera arco largo cualquiera de más de 1'2 metros y alcanzando hasta 2'1 metros, si bien para la Real Sociedad de Anticuarios de Gran Bretaña lo limitaría a aquellos entre 1'5 y 1'83 metros. Arcos largos se vienen elaborando desde el Mesolítico, existiendo ejemplares arqueológicos en lugares tan dispares como la tumba de Tutankamón o junto al cadáver del hombre de Ötzi en los alpes italianos teniendo ambos 1'8 m de longitud.


El modelo más sencillo de arco sería aquel cuyas palas están fabricadas de una sola pieza de madera. Estos arcos son llamados simples o monobloques. En principio, aumentando la longitud de las palas se consigue aumentar la fuerza de tensión, lo que produce un arma más potente. Esto aumenta el daño que causa y su alcance (sobre esto entraremos en detalle más adelante) aunque a partir de cierta longitud se corre el riesgo de que el arco se vuelva quebradizo. Para evitar esto se han de recurrir a determinadas técnicas que el artesano utilizará en función de las necesidades. Para optimizar las fuerzas de tensión y compresión de una misma pieza de madera el artesano la coloca con sus diferentes capas de duramen y albura dispuestas de manera que el duramen soporte la compresión por su mayor resistencia a esta y la albura la distensión por su mayor elasticidad. Además deberá evitar los nudos y conforme se perfeccionó la metalurgia se dispusieron de mejores herramientas metálicas, lo que permitió tallar la madera para dar mejores formas. Así el arco largo podía ser plano, con simples lamas conformando las palas o engrosado con sección en D, siendo esta última más potente. Sin embargo esa potencia se consigue haciendo el arco menos duradero, pues sufre más y además añade peso para su manejo. Otra ventaja es que de un buen tronco se pueden tallar una buena cantidad de unidades de arco. Si se aumenta la anchura de las palas también se consigue aumentar la potencia, aunque algo menos, pero al estar más distribuida la fuerza aumenta la durabilidad y reduce el peso. A cambio requiere un uso de la madera del tronco menos eficiente: de un tronco de calidad se pueden sacar menos arcos planos que gruesos.

Hablando de la madera, otro factor de vital importancia es la calidad de esta, tanto para su potencia como para su durabilidad aunque no siempre estas características puedan ir de la mano. De ahí la importancia de su eficiencia al emplear la materia prima. Los arcos simples cuanto más potentes, más sufren. La calidad y características de la madera empleada se fue haciendo patente conforme se alargaban las palas, pues con algunas se hacía excesivamente quebradizo. Determinadas maderas, en crudo, resultan poco recomendables para la construcción de arcos. Así, el refranero español aporta dos píldoras de conocimiento:
  • Arco de tejo, recio de armar y flojo de dejo.
  • Arco de tejo y cureña de serbal, cuando disparan, hecho han el mal.
Parece contradictorio cuando los reputados arcos largos ingleses son famosos por estar construidos en madera de tejo. Pues bien, esto es así porque no servía cualquier madera de tejo. La fabricación de un buen arco largo de tejo requería de maderas previamente curadas, con procesos de hasta dos años para el citado curado de la madera. La construcción en sí de un arco largo es bastante sencilla en comparación con los otros que veremos más adelante, pudiendo manufacturarse con herramientas sencillas un arco largo en un día completo con calidad aceptable. Este factor, junto con el mejor aprovechamiento de la materia prima en un mismo tronco, permitió armar con relativa economía a un ejercito de arqueros ingleses, frente a las costosas ballestas, que eran mucho más caras.


La madera más conocida sería el tejo por ser conocido que muchos arcos largos ingleses se construían en esa madera en la Baja Edad Media y principio del Renacimiento, aunque también hay constancia de que se fabricaban arcos largos engrosados en madera de boj. Otras maderas duras eran el nogal y en zonas más cálidas se fabricaban en madera de algarrobo o acacia. Es decir, en cada lugar se empleaba la madera disponible más óptima. En la Europa Septentrional que inspira la mayoría de la literatura épica en la que se fundamenta la ambientación de fantasía medieval esa madera fue principalmente la de tejo desde el Neolítico, como decimos. Esto lo sabemos gracias a que el hombre de Ötzi portaba también un arco largo de esta madera que estaba en proceso de fabricación. Previamente hay hallazgos arqueológicos de arcos largos escandinavos fabricados en madera de olmo. El tejo, por tanto es el material premium en ese entorno.

Otras maderas también empleadas han sido el pino y el arce, y en otros territorios la palma y el eucalipto. El fresno y el olmo se señalan como maderas de arcos baratos, por ejemplo.

Aunque el aumento de la longitud de las palas aporta ventajas en la potencia, lo que se traduce en más daño y mayor alcance, existen contrapartidas que ya hemos visto y algunas más. La longitud del arco determina la lentitud en la maniobra de tensado. A mayor distancia de palas, (o si estas se acortan mediante el recurvado como veremos más adelante), más lentitud en la recarga. Pero además a mayor longitud se dificulta su manejo según el entorno y las circunstancias de uso de cada pueblo le obligó a desarrollar alternativas más versatiles, que a priori determina arcos más cortos.

El ejemplo más sencillo es el de los pueblos que combatían o cazaban montados. El arco largo no se puede utilizar, en principio, a lomos de una montura. Esto obligó a multitud de pueblos en distintas localizaciones a acortar sus arcos para el tiro cabalgado. Los más famosos serían los jinetes de las estepas euroasiáticas: desde los escitas a los hunos, mongoles, etcétera. Todos ellos herederos de la tradición guerrera escita del jinete arquero. Para ello los escitas comenzaron a recurvar sus arcos, dotándoles de diferentes propiedades que veremos en otras entregas. Pero no se limitó a ese ámbito. En lugares completamente desconectados como las llanuras norteamericanas, los pueblos Lakota (Sioux) y los Comanche, optaron por recortar sus arcos cuando pudieron combatir a caballo.
Durante el periodo medieval los escandinavos en sus incursiones navales rápidas se caracterizaron por el uso eficaz del arco corto, si bien venían usando arcos largos en la zona desde el Mesolítico. Es decir, a lomos de un caballo o un camello, embarcado en un drakar o una trirreme, parapetado tras las angostas almenas de un castillo y en mil y una otras situaciones, el arco largo, excepcional en campo abierto o en un bosque no muy cerrado para cazar, se volvía torpe o incluso completamente inútil por lo que los guerreros recurrían a otras opciones más manejables.

Una característica de los arcos simples es la necesidad de descordarlos cuando no se usan, puesto que en caso contrario se deforman y pierden potencia. Antes de usar requieren el tensado y encordado, lo que supone una anticipación al mismo y puede suponer una ventaja. Si bien, en ocasiones, puede suponer una ventaja como fue en la batalla de Crécy, pues al poder descordar los arcos largos los ingleses pudieron preservarlos sus cuerdas de la fina lluvia previa al combate, lo cual les permitió conservar su capacidad intacta en el combate. No así las ballestas de los mercenarios genoveses las cuales, al estar mojadas por no ser fácilmente desmontables, perdieron alcance y esa desventaja junto a otros errores tácticos de los líderes franceses, acarrearon el desastre. La simplicidad predominó en el campo de batalla en aquella ocasión.

Para acabar con los arcos simples destacaremos algunas otras ventajas. A diferencia de los otros que se verán a continuación, el arco simple o monobloque es el más silencioso de todos. Los arcos recurvados, los reforzados y los compuestos, tienden a generar un chasquido más sonoro al liberar la saeta. Además los arcos simples o monobloque resisten bastante bien a los climas húmedos, al no tener múltiples capas de material orgánico en las que se pueda colar la humedad ambiental para pudrir los mismos. 

sábado, 2 de febrero de 2019

Arcos I: Inciso histórico reivindicativo.


Han pasado unos añitos desde que empecé a hacer artículos sobre armas aplicados a las reglas desde la correspondiente perspectiva histórica, con algunas pausas notables. En esta ocasión le ha tocado a los arcos.



Tras una profusa investigación en bibliografía académica y notas que llevo recopilando durante años, la conclusión más llamativa a la que he llegado ha sido que, como en tantas otras cuestiones, el tema de los arcos está fuertemente intoxicado por una propaganda maliciosa, concretamente el chovinismo británico. Este ha elevado a la categoría icónica el arco largo "galés" o "inglés". Como la mayoría sabréis esa aureola casi mística proviene de las sucesivas victorias inglesas sobre los altivos caballeros franceses a manos de los humildes y aguerridos arqueros ingleses durante la Guerra de los Cien Años: Crécy, Poitiers y Agincourt. Si bien es cierto que el uso del arco largo aportó determinadas ventajas en el campo de batalla, estas no vinieron tanto de las características técnicas individuales del arma en cuestión sino de su uso táctivo masivo en voleas y la disposición de este en el campo de batalla que permitió atacar a las monturas de la lenta caballería pesada francesa en sus flancos entre otros muchos factores que se dieron lugar en aquellos conflictos. Y es que el arco largo no supuso ninguna revolución técnica militar en aquella época. Ya el arco largo del hombre neolítico de Ötzi, de hace 5.300 años, medía 1'82 metros de largo y estaba elaborado de una pieza de tejo con sección en D y tenía pocas diferencias con los arcos largos galeses usados en aquellas famosas batallas.



El imaginario nacionalista inglés ha aumentado la leyenda en beneficio de su orgullo, situando los orígenes del gesto de la victoria en relación a la amenaza francesa de amputar esos dos dedos a los arqueros cuando venciesen en Agincourt y el gesto de desafío de esos mismos arqueros tras prevalecer dio lugar al "saludo del longbowman". No está claro si la amenaza era real o un ardid del rey Enrique V quien lo introdujo en su arenga previa a la batalla simplemente para enardecer a sus tropas. Posteriormente fue rescatado para al aprovechamiento propagandista por Churchill en la campaña de resistencia durante la IIGM, si bien el mensaje de Churchill fue realmente inspirado por la resistencia belga que venía usando la V desde años antes y la conexión con los legendarios arqueros no fue más que un aprovechamiento oportunista, una vez más.

Sin embargo Churchill no hizo más que recoger el testigo de otros militares chovinistas y mitómanos ingleses como el general y arqueólogo Augustus Henry Pitt-Rivers, que fue quien ya a finales del siglo 19 afirmaba que los arcos compuestos eran producto de gentes que vivían en areas donde no existía madera apropiada para hacer arcos. La relevancia de esta aseveración radica en que fue precisamente este insigne caballero quien introdujo en la arqueología el término "arco compuesto" ("composite bow" en inglés). Sin embargo su presuntuosa premisa resulta ser falsa cuando, precisamente, en esos territorios existe desde siempre maderas ideales para ello y de hecho se fabrican arcos de ambos tipos como podemos ver ya en las tumbas de los faraones egipcios. Más bien al contrario, el arco largo no es la cima de la producción de los fabricantes de arcos de la historia, si no más bien una imposición climática. Allí donde no se pueden emplear o no se puede costear la construcción de los mejores arcos compuestos, se recurre a ese arco.  

El mundo del rol, con sus profundas raíces anglosajonas, está ampliamente influenciado por ese legendario construido alrededor del "arco largo inglés" y le otorga unas propiedades en ocasiones desproporcionadas fruto de ese chovinismo anglosajón que vengo mencionando. Y es que no hay nada como la propaganda británica.

En las próximas entregas intentaremos abarcar un repaso histórico que nos permita establecer una valoración adecuada de todos los tipos de arcos sin desmerecer ninguno.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Armaduras I: Tierra Media. Sin corazas.

El capítulo de las armaduras daría para incontables entradas al blog, así que directamente pasaremos a describir aquellas que vayan a tener uso inmediato en las campañas en activo. Dado que en este momento la principal campaña que tenemos es la de Tierra Media voy a hacer una pequeña reseña a raíz de ciertas indagaciones que he estado haciendo estos días y para documentar algo que comenté en la última sesión y había leído hace tiempo. El hecho de que en Tierra Media no existen las corazas. En futuras entradas posiblemente se detalle todo más, pero voy a centrar la breve reseña de hoy en este aspecto concreto.

Hace unos años, antes de perder parte de la documentación con la caída de ubuntu del dual boot de mi torre, leí un artículo en pdf de un frikazo que afirmaba que en Tierra Media no existieron las corazas en contra de lo que algunos jugadores de rol podíamos pensar. Esta declaración tan tajante me llamó poderosamente la atención y desde entonces, cada vez que meto mano a las armaduras para Tierra Media me ronda la mente esa idea, así como cuando he leído la Historia de la Tierra Media.

Bien es cierto que la iconografía posterior, tanto cinematográfica, como algunos ilustradores a los que aquí a veces hemos tomado como referencia, nos muestran multitud de corazas. Ni que hablar tiene que en los juegos de rol clásicos de JOC Internacional existían las corazas, aunque claramente heredadas de Rolemaster.

Vayamos al grano. Para revisar si hay o no corazas en la Tierra Media he sometido los relatos a los buscadores correspondientes. Primero en castellano y después los posibles hallazgos comparados con el idioma nativo del tito Tolkien para comprobar si efectivamente hubo corazas en Arda o solo malas traducciones al castellano.

Pues bien, el resultado es asombroso. Prácticamente no hay ningún resultado para las corazas frente a innumerables resultados en todos los libros y casi en todos los capítulos de cada uno de ellos para referencias a las cotas de malla de todo tipo, tamaño y condición, a penas encontraremos unos pocos resultados para el término coraza. Sin embargo, cuando los analizamos, hay aún más sorpresas.

Uno de los resultados sirve para definir a la piel de los trolls que crecía hacia dentro en caso de ser expuestos a la luz solar, pero en ningún caso hace referencia a ninguna pieza de armadura que ponerse.

El mayor número de resultados se concentran en un único capítulo, el 6º del libro III, Las dos torres, titulado El Rey del Castillo de Oro. Tanto en un poema que recita Aragorn a Legolas hablando de los rohirrim como después en la descripción de la guardia real de Theoden a las puertas del castillo. Estos hallazgos merecen por tanto una mayor atención. Podría parecer que finalmente sí hay un pueblo que usa esa pieza de armadura en Tierra Media. Si bien, una vez comparado con el original en inglés, comprobamos que la palabra que tito Tolkien usa realmente en ambos casos es distintas. En el segundo es "corslets", es decir, coseletes, una pieza de armadura que no tiene una identificación tanto con su composición como con su localización sobre el cuerpo. Tolkien utilizará la palabra corslets múltiples veces a lo largo de la novela principal y en ninguna ocasión las describe como corazas. De hecho, la famosa cota de malla de mithril o plata de Moria que usan tanto Bilbo como Frodo es definida como corslet en varios pasajes. Bajo ella porta una camisa de cuero suave.

Si buscamos en Google "corslets" encontraremos múltiples imágenes, algunas incluso de armaduras que parecen corazas. Sin embargo, al indagar sobre esas piezas, podemos comprobar que son piezas renacentistas, ya del siglo XVI y que en realidad el término coselete abarca ya mucho antes armaduras construidas desde lino hasta cotas de malla pasando por los conocidísimos coseletes de cuero. Esto me da pie para introducir lo que posiblemente sea otra entrada futura y es que todo el armamento de Tierra Media en mi opinión tiene que estar recogido en un marco histórico comparativo muy claro y es el de la tradición de las sagas anglosajonas que inspiraron a tito Tolkien. Ese y no otro es el referente histórico armamentístico de la Tierra Media y cualquier digresión a ese respecto debería estar muy bien justificada.

Por todo esto asumo que las supuestas corazas rohirrim no son más que fruto de un defecto de traducción con cierta vena creativa del traductor que apareció solo durante ese capítulo concreto y no se volvió a repetir. Esas mismas piezas son después descritas a su vez en otros pasajes después como "hauberks", las cuales también nos ocupan a continuación. Hauberk es también la palabra empleada en el poema recitado por Aragorn.

Aquí no hay confusión posible, siendo esta prenda una cota de malla larga y generalmente pesada. Gran armadura e impresionante, no empleada en la mayoría de los libros de Tolkien, pero en ningún caso se trata de una coraza. Es la malla de la infantería pesada o los caballeros de cualquier ejército de la época que tanto gusta a Tolkien y desde mucho antes (la lorica hamata romana), pero nunca una coraza.

La traducción en castellano de El Señor de los Anillos no recoge más la palabra coraza. Hay que ir a el Silmarllion para encontrar algo parecido. En el capítulo de la llegada de Tuor a Gondolin los guardias noldorin de una de las puertas supuestamente visten corazas. Es llamativo que el único pueblo que use corazas sean los ágiles elfos y esta extrañeza se solventa cuando vemos en el original en inglés que le término empleado no es otro que "hauberks" de nuevo. Las hauberks enanas son también de reconocido prestigio en el Silmarillion.

Creo que cuando hablan de la protección de Smaug con sus escamas también se emplea la palabra coraza en el Hobbit, pero no lo he comprobado bien. En definitiva, no se pueden encontrar más corazas que las que son errores de traducción y aún así son muy escasos. Ninguna de las palabras que conozco para la coraza en inglés la he podido encontrar en El Señor de los Anillos, El Silmarillion o El Hobbit. El término "corslet" sí lo he visto para definir lo que podríamos llamar una lóriga segmentada (o mal llamar) de bronce entre las tropas haradrim, cuestión que no quería dejar de comentar para que no se me olvide en futuras entradas. Algunas referencias, aunque escasas, se hacen a armaduras de cuero, justillos, jubones y coseletes, así como yelmos y capacetes de cuero con refuerzo de aros de metal. Pero sobre todo en Tierra Media cuando se quiere plantear el uso de una buena armadura se empleará una cota de malla en sus distintas versiones que intentaré desarrollar más adelante.

Por último sería de gran ayuda que se añada cualquier información en los comentarios de esta entrada incluso si fuese algún pasaje que cite a las corazas en Tierra Media, dejando el contenido abierto a modificaciones si alguna colaboración en ese sentido llegase.







viernes, 13 de noviembre de 2015

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