Allá por el siglo VI a.C. Oriente Medio seguía siendo un conglomerado de ciudades-estado y pequeños reinos que, desde los tiempos de Sargón I, había visto pasar ya más de un imperio como el Babilónico, el Asirio o el Caldeo. Este último, también llamado Imperio Neobabilónico, se descompuso rápidamente tras la muerte de Nabucodonosor II, a la par que el vecino Imperio Medo se sumía en una grave crisis política y económica.

El soberano de Lidia, Creso, intenta aprovechar la situación de inestabilidad y ataca los territorios controlados por Ciro, quien vuelve a demostrar su valía pues no sólo consigue detener su avance sino que termina por conquistar toda Lidia. A finales de la década del 540 a.C. Ciro dispone de una base territorial y un poder militar tan fuertes que le permiten lanzarse a una serie de campañas encadenas que le dan el control de todo Oriente Medio y Próximo: Babilonia, Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Siria y Palestina, entre otros territorios.
Estas conquistas se realizaron gracias a la superioridad militar persa-meda que no encontró oponentes de idéntica capacidad, sospecho que numérica principalmente, pues no hay menciones a grandes batallas o enfrentamientos, sino simple conquista-rodillo. A ello, hemos de sumar las hábiles gestiones políticas de Ciro en un entorno político tan fragmentado, ya que supo ganarse el apoyo de las oligarquías gobernantes (casta sacerdotal babilonia) y minorías influyentes (judíos) que en ocasiones aceptaron la sumisión pacífica. Comparado con el de asirios y caldeos, el dominio persa resultaba mucho más aceptable y se vio facilitado por la tolerancia cultural persa que se imbuyó de la cultura babilonia para asumirla como propia, cuyo mayor ejemplo es el sincretismo religioso producido, así como en el mantenimiento de las estructuras administrativas propias de cada zona, si bien sometidas al poder central. En apenas diez años, Ciro II había construido el mayor imperio conocido hasta el momento, falleciendo en el año 530 a.C. durante una campaña contra los escitas. Este imperio perduraría doscientos años, hasta la llegada de otro “grande”, Alejandro.

El hijo de Ciro, Cambises II, continuó la labor de su padre conquistando Egipto, sin embargo no debió tener la talla política de su antecesor pues mientras desgastaba al imperio en infructuosas campañas por África, fue depuesto por el sacerdote Gaumata en una revuelta interna. El usurpador fue depuesto a su vez por un noble, Darío, quien tuvo que hacer frente a la revuelta simultánea de varias regiones, las cuales aprovecharon la crisis política persa para intentar independizarse.

Hacia el final de sus días, Darío I cometió probablemente sus mayores errores políticos. Tras una desastrosa campaña contra los escitas, que debían de ser el grano en el culo de los persas, en el año 500 a.C. estalló una revuelta de las ciudades jonias de Asia Menor, apoyadas por Atenas. En los años siguientes la revuelta fue duramente reprimida por los persas, sin embargo, no conforme con ello Darío anexionó Macedonia, ocupó las islas del Egeo y buscó la sumisión también de las ciudades de la Grecia continental. En el año 490 a.C. los griegos vencieron por primera vez a los persas en campo abierto en la Batalla de Maratón, poniendo fin a la Primera Guerra Médica. Darío había subestimado a los griegos, y su hijo Jerjes I cometería años más tarde el mismo error.
4 comentarios:
Me congratula ver que con este post te reconcilias con los persas y los pones en su merecido lugar ;-) :P
La historia de Gautama y Darío también es un culebrón. Para empezar Gautama era para unos sacerdote, para otros hechicero. E incluso algunos afirman que fue una invención del propio Darío para justificar un golpe de estado. Apasionante. Da para una minicampaña del copón ;-)
¿A que sí? jugar de "ojos y oídos" del rey en alguna satrapía inestabe es un papelón digno de jugadores experimentados ;-)
...Lo que no quita que nos acabaríamos tirando de cabeza al agujero... y no lo digo por los griegos y sus feas costumbres ehhh! xD
Miedo me da...
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