jueves, 18 de octubre de 2012

El Primer Emperador


La época imperial china se extiende del 221 a.C. al 1912. En estos casi dos milenios se suceden más de una docena de dinastías imperiales y períodos históricos claramente diferenciables. El primero de ellos, del año 221 al 206 a.C., es el conocido como de la Dinastía Qin, caracterizada por ser la primera dinastía imperial china, forjada por Qin Shi Huang y finalizada con el reinado de su segundo hijo, Qin Er Shi, quien sucumbió ante Liu Bang, primer emperador de la dinastía Han.

En el año 250 a.C., hacía el final del periodo de los Reinos Combatientes, accede al trono del reino de Qin el príncipe Zichu, viéndose favorecido por el apoyo de un rico mercader llamado Lü Buwei, quien se convirtió en primer ministro. Diez años después nació Zheng, el hijo del rey Zichu, según las malas lenguas de sus enemigos, hijo natural de Lü Buwei. A la muerte del monarca, en el 247 a.C., el primer ministro gobernó el país hasta que el joven príncipe llegó a la mayoría de edad, allá por el 238 a.C. El nuevo rey de Qin, que destacó por tener un carácter enérgico y decidido, tomó las riendas del poder ordenando la muerte de Lü Buwei y otros nobles que pudieran cuestionar su autoridad total. A continuación, planificó la conquista de toda China haciendo gala de una gran capacidad estratégica militar y diplomática.

El rey Zheng se alió con los estados chinos mas alejados mientras atacaba de forma directa a los más cercanos, aniquilándolos de forma separada con su superioridad militar. La buena dirección y organización de los ejércitos de Qin superó a todos sus adversarios, con un armamento estandarizado, una poderosa caballería, unidades de ballesteros, un buen sistema de transmisión de señales, un claro organigrama de mandos y fomentando el espíritu combativo de la tropa ofreciendo grandes beneficios. Como piezas de dominó todos los estados chinos fueron cayendo uno tras otro, Han, Zhao, Yan, Wei, Chu y Qi, hasta que el reino de Qin llegó a ocupar la mayor parte de la actual China. El rey de Qin movilizó más de seiscientos mil hombres en esta guerra de unificación demostrando una gran capacidad para sobreponerse a adversidades de todo tipo, desde hambrunas o terremotos a intentos de asesinato, y utilizando multitud de recursos desde batallas campales a asedios, pasando por sobornos y treguas. Los muertos se contaron por cientos de miles en combates que dejan a las batallas coetáneas occidentales de Trebia o Cannas en meras escaramuzas en cuanto al número de bajas.

En el 221 a.C. Zheng se proclamó emperador de Qin, pasándose a llamar Qin Shi Huang. Poco después creó el título de Shi Huangdi, el Primer Emperador, título por el cual lo ha conocido la historiografía. Huang significa augusto, grande o magnífico, de ahí que lo haya incluido en el listado de personajes conocidos como “grande”, a sugerencia de Qrol Pater.

Qin Shi Huang, ayudado por su primer ministro Li Si, acometió una monumental labor de reformas políticas y sociales que perduró más allá de su propio reinado e incluso que su propia dinastía. A nivel administrativo, creó una estructura de poder centralizada en su capital, Xianyáng, dividiendo el resto del territorio en prefecturas, algo que serviría de base a los futuros emperadores chinos para organizar el país. Cada prefectura estaba gobernada a la vez por tres gobernadores, uno civil, otro militar y otro en calidad de mediador, siendo los cargos ocupados de forma temporal, con lo que el emperador evitaba la acumulación de excesivo poder o influencia en estos gobernantes. El emperador abolió el feudalismo, impulsando dentro de las estructuras de poder una meritocracia que aseguraba el máximo esfuerzo y lealtad de los cargos públicos. A su vez, las casas nobles de los reinos conquistados trasladaron a decenas de miles rehenes a la capital, para asegurar su lealtad. Con estas y otras sabias medidas Qin Shi Huang consiguió, en el siglo segundo antes de Cristo, controlar el gobierno de unos vastos territorios que abarcaban millones de kilómetros cuadrados, donde vivían a su vez millones de personas.

El Primer Emperador no sólo se limitó a asegurar su control sobre todos sus dominios, sino que intentó que la unificación política se extendiera también a una unificación social y cultural, reglamentando numerosos aspectos de la vida cotidiana de sus súbditos e imponiendo la filosofía legalista como culto oficial, en detrimento del confucianismo. Unificó también el sistema fiscal y el judicial, estandarizó la moneda, los pesos y medidas, así como la escritura. Igualmente, impulsó la construcción de una extensa red de carreteras y canales para fortalecer el transporte interior.

En el ámbito exterior, Qin Shi Huang sometió a varios territorios limítrofes al sur de sus dominios, en la actual provincia de Cantón y en el norte de Vietnam. Por otro lado, en el norte expulsó a los nómadas xiongnu, provenientes de la actual Mongolia, y ordenó la construcción de la primera Gran Muralla.

Pero ni si quiera la magnificencia de esta primera muralla hizo sombra al Gran Mausoleo que el emperador ordenó construir en Xian, a lo largo de casi treinta y ocho años, y en el cual participaron más de setecientos mil obreros. El mausoleo tiene unos dos kilómetros cuadrados de extensión y el conjunto funerario que lo rodea alcanza los sesenta kilómetros cuadrados. En 1974 fue descubierto de forma fortuita, durante la realización de unas obras de regadío, y de momento esta impresionante construcción ya nos ha enseñado una de las obras de arte más impresionantes de la Humanidad, las siete mil figuras de los Guerreros de Terracota. Aún hoy en día apenas se ha desenterrado una parte de él, y la cámara funeraria y la tumba del emperador aún no han sido abiertas, por lo que aún guarda fabulosas sorpresas para varias generaciones de arqueólogos.

En el ocaso de su vida, Qin Shi Huang fue convirtiéndose en un megalómano obsesionado con su propia subsistencia. El fabuloso poder que llegó a ostentar, los intentos de asesinato que sufrió y su personalidad cada vez más paranoica lo llevaron a la búsqueda nada más y nada menos de la inmortalidad. Pero precisamente, en un viaje que realizó buscando unas legendarias islas de inmortales, lo alcanzó la muerte, probablemente envenado por sus propios médicos al tomar pócimas con mercurio para alargar su vida. Li Si consiguió ocultar el funesto hecho dos meses, hasta que la comitiva regresó a la capital y organizó, junto al poderoso Zhao Gao, el trasvase de poder a favor de Huhai, el segundo hijo del emperador, en detrimento de su primogénito, el cual fue forzado al suicidio. La purga alcanzó a otros nobles y militares y el segundo emperador de la dinastía Qin, que gobernó bajo el nombre de Qin Er Shi, lo hizo sometido a la tutela de Zhao Gao. Fue también el último emperador de la dinastía, la cual sucumbió en medio de sangrientas revueltas internas. 

1 comentario:

uno de tantos dijo...

Gran post de cierre para un personaje grandioso. ¡Gracias!

La grandiosidad de las cifras de este Grande es, como bien señalas, solo valorable si tenemos en cuenta el momento en que sucede y como estaba el resto del mundo en esa época.

Su legado (la China que conocemos hoy) ha durado más de dos mil años, pienso que por ello es el Grande entre los grandes porque es el qque más ha perdurado.

Anécdota sobre el envenenamiento. En realidad no eran médicos como tales, sino más bien alquimistas/sacerdotes/brujos/chamanes taoístas, filosofía que había degenerado en religión y superstición, y que fue impulsada en su extensión por el propio emperador. Algo así como tomar de su propia "medicina".