jueves, 25 de agosto de 2011

Drones en combate: Libia


Lo más destacable no es que los rebeldes hayan dispuesto de este cacharro, lo más destacado es que señalan que HASTA los rebeldes son capaces de manejarlo porque se controla no con un joystick, sino con una pantalla táctil en la que se marcan itinerarios.

Kim's new look


ORCOS, de Stan Nicholls.

Pues me acabo de leer este tochito en el que la editorial Marlow ha unido la trilogía de fantasía creada por este autor, partiendo del protagonismo poco habitual de unos personajes orcos. No es algo original, pero al menos no es lo más frecuente. El escritor ha recogido algún premio, es novelista habitual de esta temática y por lo que he podido ver en foros recibe elogios a la par que tupidas y lacerantes críticas.

Personalmente, es un libro que me ha entretenido pero que recomiendo con ciertos matices. En primer lugar, no esperéis un pedazo de novela que marque un antes y un después en vuestra concepción del mundo de fantasía, entre otras cosas, porque como escritor Stan Nicholls es un poquito limitado. Creo que esto es lo más importante que hay que tener en cuenta, hay que acercarse a esta novela sin prejuicios, sin ganas de descubrir en ella cosas que no tiene, sin la necesidad de hacer comparaciones y, en definitiva, sin grandes expectativas. Considero que gran parte de las críticas negativas que he leído sobre esta novela son excesivas por el simple hecho de que quienes la critican quizás la sobrevaloraron antes de leerla. No puedes acercarte a este libro pensando que vas a leer el libro que Tolkien hizo sobre los orcos porque te decepcionará: ni lo es, ni es lo que el autor pretendía, ni creo si quiera que pudiera intentarlo.

Desde el punto de vista del estilo, Nicholls usa un lenguaje sencillo y directo. No se enrolla en la psicología de los personajes ni en la recreación de la ambientación, y opta por el uso de diálogos cortos y descripciones breves. Estas limitaciones no entorpecen la lectura porque el escritor utiliza arquetipos de personajes y ubicaciones típicas de un mundo de fantasía, con lo cual lo que él no aporta ya lo ponemos nosotros.
Para lectores noveles esto está bien, facilita la lectura, aunque para lectores más refinados pues puede resultar una lectura algo flojita. No es Umberto Eco el tipo, vamos, pero nos vamos a calzar una novela que se llama Orcos, tampoco seamos sibaritas.

En cuanto al mundo que nos presenta, da la sensación de que antes de ponerse a escribir Stan Nicholls hizo una lista de “bichos raros mitológicos y de fantasía que me suenan” y los fue metiendo a todos en el mismo saco con ganas de no olvidarse ni uno. El resultado es que nos termina describiendo un mundo que parece pequeño, ya que su intención es que ninguna de estas criaturas quede fuera de su historia y necesita separar sus ambientaciones pero no demasiado, con el fin de llevar a los protagonistas de un lado a otro con facilidad. Lo que parece un mundo de fantasía el uso, tamaño continente o así, da una apariencia al final de provincia superpoblada.

Dentro de este micromundo de fantasía, el autor sitúa también a los cabroncetes humanos, en plan malos de la película, y lo enmarca todo en una guerra de religión, donde básicamente quedan de un lado las criaturas de fantasía politeístas, en franca decadencia, y de otro los fanáticos humanos monoteístas, pujantes y en expansión. Con gran simplicidad argumentativa, el escenario es claramente de buenos y malos, blanco o negro, sin que haya sitio para los grises.

Los orcos que Nicholls nos presenta son civilizados al estilo de Restalion, el mundo de fantasía creado por Joe Peres; lo siento para los que no pudieron disfrutarlo, pero basta señalar que esto de los orcos como refinados protagonistas o pjs grotescos no es nuevo para cualquier rolero con espolones que se precie. A todos los personajes los conocemos incluso antes de abrir las pastas del libro, ya que aquí es donde más resaltan los clichés y estereotipos usados por el escritor, quien una vez que pone una etiqueta a un personaje se desentiende de dar más explicaciones: el héroe bueno es buenísimo, la lista es listísima, el bruto es brutísimo, y así. Destacaría si acaso a la mala malísima, la cual tiene un toque icasiano que me ha resultado entrañable. El que no sepa que es Icasi, que le pregunte a Qrolpater.

El autor tampoco trabaja la trama ni se preocupa mucho de fundamentarla, se le ha ocurrido un principio y un final de la historia y se dedica a mandar a sus protagonistas dando tumbos por la novela creando situaciones en ocasiones toscas e inverosímiles, con tal de que los orcos lleguen donde tienen que llegar. Las cosas pasan porque tienen que pasar, que para eso el Scatérgoris es suyo.

El planteamiento inicial de que una cuadrilla de orcos mete un patón e inicia una huida hacia adelante para salir del atolladero y, en lugar de eso, lo que consiguen es meterse en un follón cada vez más gordo, es simpático e invita a la lectura. Sin embargo, la historia va perdiendo fuelle a medida que pasan las páginas y Nicholls plantea, sin mucha gracia, que en realidad lo que estás leyendo no son los apuros de un grupo de orcos por salvar el cuello, sino la búsqueda de unos objetos místicos que pueden salvar el decadente mundo de parque temático de fantasía que te ha presentado, para además intentar dar un final con sorpresa descafeinada.

Pero no todo es malo en esta novela Orcos, repito que a mí me ha entretenido, y ello es principalmente porque el escritor al menos se dedica a poner a los personajes a dar palos de forma constante y amena, lo que implica mucha acción. La novela sigue el esquema siguiente: los orcos tienen un combate, luego se mueven, tienen otro combate, van a otro sitio, pelean otra vez, quieren ir a otro lado pero a mitad de camino los atacan, cuando llegan a otro sitio de nuevo a luchar, y así toda la novela combate va combate viene. Son páginas de acción entretenidas a las que cabe criticar, eso sí, que al escritor le gustan tanto sus personajes que los convierte en prácticamente invencibles, con lo que los combates del final ya no tienen ni la mitad de interés que los del principio: a base de ver a los orcos macizando gente por todos sitios, sin llevarse un triste rasguño, pues la cosa pierde gracia.


En definitiva, creo que Orcos es un libro que puede recomendarse para frikazos jóvenes, de los de camiseta negra y espinillas, tal como los describiría Nicholls con sus clichés, cuyo grado de lectura esté a nivel Dragonlance y cuyo tiempo de juego no esté limitado aún por cargas familiares (envidia, sal de mí). Al fin y al cabo se puede describir como una partidita de rol novelada en la que hay un master magnánimo que quiere contar la historia que ha preparado a toda costa, jugándola con personajes novatos poco resolutivos, y en la que todos están encantados de tirar dados en combates, ya sean necesarios o no. Para veteranos recomiendo la novela sólo como puro entretenimiento, para cuando no tengáis nada mejor a mano, sin más pretensiones. A Qrolpater, sin embargo, se la recomiendo encarecidamente, a ver si le revuelve algo las tripas en plan “esto yo lo haría de este modo” o “esto quedaría mejor así”, a ver si de una vez nos vamos de viaje a la Tierra Media: Postapocalipsis toca a su fin, el Refugio se agota, nuestro futuro está en la Primera Edad.

Y para terminar os comento el porqué he leído la novela y el porqué me apetece recomendarla, a pesar de lo limitada que la considero: me la ha recomendado mi padre. A sus sesenta primaveras, lector profesional de los de novela por semana, la única persona que conozco que se ha leído los Episodios Nacionales de Galdós. Después de años de escucharlo criticarme por “irme a jugar a los muñequitos esos”, que es como mi padre conoce el rol, resulta que viene el tío y me pone un libraco de ochocientas páginas en la mano que se llama Orcos, diciéndome: “toma, nene, a mí me ha entretenido, no paran de dar palos”. Con dos cojones.


lunes, 22 de agosto de 2011

Super 8

El otro día pude ver Super 8, la nueva peli de Spielberg que no es de Spielberg pero que parece de Spielberg aunque la haya dirigido el tío que hizo Perdidos.

Como resumen me parece suficiente lo que he dicho pero creo que puedo añadir un par de pinceladas.

Para empezar, creo que sé como convencieron a Spielberg para entrar en el proyecto. La película tiene un aire a "The Goonies meet District 9" más el primo de zumosol rabioso de E.T. cruzado cone el humo negro de Perdidos. Por ahí dicen que tiene que ver con "encuentros en la tercera fase" pero no le he encontrado mucho parecido, sinceramente. Aquellos que hayáis visto Taken (también de Spielberg) tal vez tengáis un ligero deja vú muy impreciso también. Seguro que hay más analogías descaradas que se me escapan ahora. Está repleta de guiños entre líneas para los cinéfilos mientras el discurso principal es perfectamente accesible al gran público sin que por ello estos últimos tengan que perder aliciente.

Tiene un toque de situaciones pintorescas de la bucólica america ochentera o tardosetentera con ínfimos intentos de entremeter problemática personal para darle cierto "trasfondo humano". Tiene un intento de darnos un punto de vista inocente y a veces gracioso con los protas infantiles (revival Goonies total, como digo arriba). Tiene un pelín de suspense y escenas de violencia misteriosa (insisto, el humo negro de Perdidos con total descaro) para reforzar el cliché de peli de miedo. Tiene aventuras infantiles como buena peli de verano. Tiene los estereotipos spielberguianos a punta pala. Tiene finalmente una conclusión buenrollista y pueril para que sea "para todos los públicos", supongo.



Con todo ello el resultado está bien logrado estéticamente (no podía ser de otro modo) y es entretenida, con un tempo perfectamente hilado para convertirlo en un muy buen producto de ocio sin otras pretensiones. Recomendable si os gustó Perdidos y no os importa que la reciclen y si sois aficionados a las pelis de alienígenas bonachones de Spielberg. Por cierto, es falso eso que dicen por ahí de que Spielberg ha madurado respecto a sus aliens y ahora son más "siniestros" o no se qué otras chorreces. Es E.T. supervitaminado, en el fondo sigue siendo más blando que la mierda de pavo si lo comparamos con cualesquiera otros alienígenas recientes.

sábado, 13 de agosto de 2011

Equipo postapocalíptico: Walkies talkies

Reiros, reíros, pero... ¿cuántos jueguetes de nuestros hijos consideraríamos 'equipo imprescindible' en un entorno postapocalíptico?

viernes, 12 de agosto de 2011

Grandes del siglo XV, de este a oeste (III).

Continuamos nuestro viaje por el s. XV, avanzando hacia el oeste, hasta llegar al Reino de Aragón, gobernado por entonces por Juan II, uno de los siete Infantes de Aragón nacidos del matrimonio entre Fernando I de Antequera y Leonor Urraca de Castilla. Como veremos a continuación este soberano tuvo una larga y azarosa vida política llena de incidentes relevantes. Desde joven intervino en la gestión política y militar, siendo nombrado lugarteniente general de Sicilia y Cerdeña por su padre y participando después activamente en las disputas habidas con el Reino de Castilla, donde descollaba la figura del Condestable Álvaro de Luna. Con apenas veinte años contrajo matrimonio con la hermana del rey navarro, quien falleció poco después sin descendencia, siendo los esposos proclamados conjuntamente reyes de Navarra. Juan dejó el gobierno de aquél reino en manos de su competente esposa y continuó dedicándose a la causa aragonesa, colaborando con el nuevo monarca aragonés, su hermano Alfonso V el Magnánimo, en varias empresas que a la postre resultarían desastrosas, como fueron: el infructuoso intento de conquista de Nápoles de 1435, y la calamitosa invasión de Castilla de 1445, que finalizó en la derrota del ejército aragonés en la batalla de Olmedo.
Sobre estas fechas falleció la primera esposa de Juan, casándose en segundas nupcias con Juana Enríquez, hija de Fadrique Enríquez, Almirante de Castilla, y enemigo político de Álvaro de Luna. Ya que no pudo vencer a Castilla militarmente, el monarca navarro intentó medrar en el reino vecino políticamente. Sin embargo, los problemas le vinieron desde la misma Navarra. Según el testamento de su primera esposa, el reino debió haber sido heredado por el hijo de ambos, Carlos de Viana, pero su padre decidió dejarle solamente la lugartenencia del reino, guardando para sí la soberanía. El descontento de parte de la nobleza navarra provocó el estallido de una breve guerra civil que finiquitó el rey Juan con su victoria en la batalla de Aibar. La madrastra de Carlos de Viana, embarazada del futuro Fernando el Católico, le calentó aun más la oreja a su esposo quien decidió expulsar a su primogénito a Sicilia, bajo la protección de su tío Alfonso V.

Pocos años después falleció el rey aragonés, siendo sucedido por su hermano el rey navarro y ya conocido como Juan II de Aragón, el cual hereda de paso un ambiente caldeadísimo en Cataluña, con el campesinado, los remensas, enfrentado a la nobleza local y una oligarquía catalana a su vez dividida en facciones políticas antagónicas: la Biga, grupo nobiliario promonárquico, y la Busca, grupo burgués municipalista. Juan el Grande permite el regreso a la Península de su primogénito Carlos mientras continúa su intento de meter cabeza en Castilla por la vía política, fraguando el matrimonio entre su jovencísimo segundo hijo, Fernando, y la hermanastra del rey de Castilla, Isabel. Su hijo mayor se toma a mal este movimiento político pensando que él debía ser el desposado con la castellana y Juan II ordena su arresto, lo cual provoca una revuelta tanto en Navarra como en Cataluña, donde Carlos de Viana tenía muchos adeptos. El rey Juan, que debía estar hasta el gorro ya de su hijo Carlitos, se ve obligado a aceptar unas capitulaciones que reconocían amplios privilegios a la oligarquía catalana y además debe liberar a su hijo para sofocar a los insurgentes. Sin embargo, al poco tiempo de hacer una entrada triunfal en Barcelona, Carlos de Viana fallece de una enfermedad pulmonar, aunque dicen las malas lenguas que fue envenenado por la reina Juana.

Esta muerte provoca el estallido de una larga Guerra Civil en Cataluña que duraría diez años, contando de inicio el rey aragonés con el apoyo de los remensas y de la Biga, enfrentados al poder de la Busca y las instituciones catalanas. El conflicto se internacionaliza y sirve de zona de enfrentamiento de los reinos cercanos. A cambio de cesiones territoriales el monarca francés apoya a Juan II mientras que, por otro lado, los burgueses de la Busca ofrecen el trono catalán al rey castellano Enrique IV a cambio de su intervención militar. Tras varios años de tira y afloja, Juan el Grande consigue mediante costosas negociaciones políticas la renuncia del monarca castellano a la corona catalana, ofreciendo entonces los burgueses catalanes ésta a Pedro de Avis y Aragón, infante y condestable de Portugal. Aunque las tropas aragonesas vencieron a las portuguesas no terminaron de dominar a la oposición catalana, quienes nuevamente rifaron su corona cuando al poco tiempo falleció el infante Pedro. En esta ocasión ofrecieron la misma a Renato I de Nápoles, recrudeciéndose el conflicto, que solamente se desatasca cuando Juan II cierra por fin el matrimonio de su hijo Fernando con Isabel de Castilla, los futuros Reyes Católicos. Sin nuevos aliados y asediada, Barcelona se rinde, aceptando una paz relativamente favorable dado que incluía amnistías políticas y apenas respondía a las pretensiones de los remensas, si bien la ciudad había perdido el lugar político y económico que otrora ocupara. Juan el Grande, por entonces un anciano ciego de setenta años, se mostró magnánimo con el fin de dejar a sus herederos un reino pacificado completamente. Con todo, fue una persona longeva que no falleció hasta 1479, con ochenta y dos años, siendo sucedido en Navarra por su hija Leonor, fruto de su primer matrimonio, y en Aragón y Cataluña por su hijo Fernando, ya por entonces rey consorte de Castilla, al haber vencido Isabel a Juana la Beltraneja en la disputa por el trono castellano.

Vamos a finalizar nuestro viaje en la búsqueda de “grandes” personajes por el siglo XV, desplazándonos a un continente que apenas hemos visitado: África. Allí encontramos a Mohamed I, rey del Imperio Songhai. Aunque el reino Songhai existía desde el siglo VII, no eclosionó como imperio hasta el siglo XV, a partir las cenizas del ya decadente Imperio de Mali, merced al decidido gobierno de impetuosos líderes, de título askia, como Mohamed I el Grande. Este monarca islamizó el Imperio Songhai y expandió sus fronteras a base de macizar a sus débiles vecinos. El control de minas y rutas comerciales le dio un importante soporte económico. Convertido en califa, burocratizó el gobierno y fomentó el desarrollo cultural en su corte. Pero cría cuervos y te sacaran los ojos, ya bien entrado el siglo siguiente, Mohamed el Grande fue destronado por sus propios hijos, los cuales se lanzaron a una lucha fraticida por el poder para regocijo del vecino sultán de Marruecos, quien invadió y disolvió el Imperio Songhai convirtiéndolo en una provincia marroquí a finales del siglo XVI. La gran duda que me surge es en que coño estaban pensando los de Sid Meier´s cuando metieron a un Askia y al Imperio Songhai en el Civilitation V, dejando fuera a España y sus Reyes Católicos. Vaya tela.

jueves, 11 de agosto de 2011

Apocalipsis Z

La portada del libro
¿Qué pasaría si en pocos días un desastre lejano acabase literalmente aporreando tu puerta? ¿Cómo te sentirías si todo a lo que nos hemos acostumbrado: internet, electricidad, agua corriente, civilización... se esfumara en un abrir y cerrar de ojos? ¿Y si todo esto ocurriera en Galicia? Pues justo esa es la propuesta de este libro.

En sus páginas el autor nos pone en el pellejo de un hombre que ve como sus preocupaciones diarias, que pueden ser como las de cualquiera de nosotros, se diluyen ante el total colapso de la sociedad al ser literalmente barrida por una infección que convierte a la población en zombies cuyo único objetivo es devorar cualquier cosa viva. Este desgraciado se va enfrentando a los 'infectados' con lo que tiene a mano (hay que admitir que estaba bastante bien provisto), y con su ingenio y nos va guiando por una Galicia totalmente devastada.

Escudo de la BRILAT
La estructura del libro es en formato de blog, en cada una de las entradas (o capítulos) el protagonista nos explica las situaciones que va viviendo, sus pensamientos y sus intenciones; lo cual la convierte en una especie de novela epistolar post-moderna que la hace bastante atractiva de inicio y muy fácil de leer. Además apoya la trama en situaciones, lugares, empresas y personajes reales y actuales, lo cual le proporciona muchísima fuerza narrativa. Este apoyo es también una de las debilidades de la novela ya que muy probablemente envejezca bastante mal (de hecho está ambientada en 2007 y sólo cuatro años más tarde ya se nota ése envejecimiento).

En general la obra es un poco irregular, y va perdiendo conforme avanzan las páginas. Es posible que sea porque el inicio es bastante bueno y te mete de lleno en la situación desesperada del protagonista, porque al final a los retos que nos propone el autor les falta cierta chispa o bien porque las resoluciones acaban siendo poco creíbles. La prosa también va perdiendo repitiendo muchas expresiones, tanto que a veces era bastante sencillo lo que escribiría el autor antes de leerlo.

Como curiosidad hay otras dos novelas que siguen a esta (y que no he leído pero no las descarto), si os interesa leerlas podéis encontrarlas en vuestra librería o en la página del autor.

Grandes del siglo XV, de este a oeste (II).

Continuamos nuestro paseo por el siglo XV en busca de nuevos “grandes” personajes y para ello tenemos que desplazarnos a Moldavia, un estado creado un siglo antes por el húngaro Luis el Grande, para hacer de tapón frente a los otomanos. Por estas fechas el principado ya era independiente de Hungría pero seguía comiéndose el marrón de tener frontera con los turcos. En 1457 Esteban III de Moldavia se convirtió en príncipe de Moldavia, gracias al apoyo prestado por un vecino llamado Vlad Tepes, conocido también como Vlad III, Vlad el Empalador o Vlad Draculea. Aunque Esteban fue una persona más religiosa y culta que Vlad, dedicó también su vida a la guerra, saliendo victorioso en 34 de las 36 batallas en que participó, destacando entre ellas la batalla de Vaslui, en la que los moldavos vencieron de forma aplastante a un ejército otomano superior en número, frenando por unos años la expansión de Mehmed II el Conquistador por Europa. Sin embargo las victorias militares no eran suficientes para parar la marea turca y Esteban buscó el apoyo cristiano, el cual brilló por su ausencia. Tanto polacos como húngaros intentaron sacar tajada de la presión de su frontera sur y realizaron movimientos agresivos por el norte con el fin de anexionarse Moldavia, que se vio así rodeada de enemigos. Finalmente, tras años de lucha, el líder moldavo tuvo que tragarse un acuerdo de vasallaje con los turcos que perduraría tres siglos. Gran defensor del Cristianismo, Esteban el Grande fue santificado y es recordado como un icono de virtudes en Rumanía.

Algo más al norte, en territorio checo, encontramos a otro “grande”, en esta ocasión un general husita llamado Procopio. Los husitas surgieron en Bohemia durante el siglo XV y toman su nombre del teólogo Jan Hus. Fueron, según el cristal con que se mire, unos herejes descarriados o un movimiento reformador de la Iglesia, inspirador del posterior Luteranismo. A su vez, los husitas se desdoblaron en dos facciones, utraquistas moderados y taboristas radicales, provocando estos últimos las llamadas Guerras Husitas al no aceptar el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico sus exigencias. Los taboristas infligieron numerosas derrotas a las tropas alemanas de manos de su líder Jan Žižka, quien sin embargo no puedo vencer a la peste, siendo sucedido en el liderazgo del ejército husita por Andreas Procopio, conocido como el Calvo y también como el Grande. Este antiguo sacerdote de tendencia utraquista se convirtió en un importante líder militar taborista, infringiendo a los ejércitos del emperador Segismundo varias derrotas contundentes.

Las continuas victorias militares husitas sobre las tropas alemanas tienen gran parte de su justificación en las novedades que implementaron en su ejército. Žižka y Procopio sometieron a sus tropas a una férrea disciplina y a un intenso programa de formación y perfeccionamiento, que convirtió a la milicia bohemia en un ejército propiamente dicho. Un hecho novedoso fue el uso masivo de las nuevas armas de fuego individuales, los arcabuces, con el fin de frenar las cargas de los nobles protegidos con sus gruesas corazas. Este revolucionario uso de las armas de fuego fue combinado con el original desarrollo de carros defensivos, reforzados con madera y hierro y dotados con aspilleras de tiro; a la vez que se usó artillería contra la infantería, dejando atrás su desfasado uso exclusivo para asedios. La estrategia husita consistía en meterse en territorio enemigo a saquear, asaltar ciudades y tocar los güevos hasta que los alemanes reunían un ejército en la zona y se lanzaban contra ellos, en cuyo momento los bohemios cerraban un cuadrado de carros y esperaban que los alemanes se fueran estrellando contra él.

Pese a ser capaces de frenar hasta tres cruzadas católicas, los generales taboristas no supieron aprovechar sus éxitos militares políticamente y la victoria final fue para el otro bando. La Iglesia, el emperador Segismundo y la nobleza bohemia, tanto católica como utraquista, llegaron finalmente a un acuerdo de paz que ponía fin a las Guerras Husitas, a costa entre otras cosas de dejar en la cuenta a los taboristas. Procopio el Grande falleció en el campo de batalla de Lipany, derrotado frente a un cuadro de carros de tropas bohemias moderadas, liderando una infructuosa respuesta militar ante estos acuerdos.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Grandes del siglo XV, de este a oeste (I).

De este a oeste encontramos en el siglo XV un nutrido grupo de personajes coetáneos que fueron conocidos con el sobrenombre de “el Grande”. Comenzamos este grupo de artículos en Asia e iremos desplazándonos hasta llegar a África, con una larga parada en Europa.

Aunque el asiento no le correspondía directamente, el rey Taejong de Corea decidió, con el apoyo de la nobleza local, que el trono debía recaer en su tercer hijo Sejong, que a su juicio era más competente que sus hermanos. No demostró tener mal ojo el monarca coreano, que conocía bien a su prole. Durante su sabio gobierno Sejong el Grande impulsó las funciones del Jiphyeonjeon, o Salón de las Personas Honorables, órgano formado por eruditos encargados del fomento del Confucianismo y la promoción cultural y científica. Las mayores aportaciones de esta entidad fueron el desarrollo del Hangeul o sistema de escritura coreano y el Cheugugi o pluviómetro de bronce. Sejong se limitó a construir fortalezas y luchar contra la piratería local por lo que es uno de los pocos “grandes” que se ganó su apelativo con la pluma más que con la espada.

Avanzando por la tundra siberiana llegamos al Principado de Moscú, gobernado por el cauto Iván III. El carácter prudente de Iván no supone que su actividad política y militar fuese tímida, al contrario, fue muy activa, triplicando durante su gobierno el Principado de Moscú su territorio. Iván el Grande fue un especulador de altos vuelos capaz de sacar provecho de la debilidad de todos sus vecinos, eludiendo siempre enfrentamientos militares directos a menos que disfrutara de una superioridad aplastante y actuando con decisión políticamente cuando la situación lo requería. Cuando hablamos de Vladimiro el Grande, que vivió a medio camino de los siglos X y XI, mencionamos la Rus de Kiev, un enorme estado eslavo que se fue fragmentando a lo largo de los siglos siguientes hasta crear una serie de débiles principados, los cuales formaban un nutrido mosaico de territorios sobre el que Iván el Grande intervino astutamente. De este modo, el primer objetivo de Iván III tras suceder a su padre fue finiquitar la ya débil República de Novgorod, por entonces aliada con Polonia. Después de varias derrotas militares, los de Novgorod se vieron obligados a solicitar la paz, cediendo territorios y dinero, así como teniendo que romper su alianza polaca. Pero el monarca moscovita no tenía bastante con eso, y buscó excusas religiosas y diplomáticas para reanudar el conflicto, conquistando definitivamente Novgorod en 1478. Un poco de represión militar, alguna revuelta sofocada y unos cuantos exiliados después, el territorio fue pacificado y dejaba de existir como estado independiente. Los principados vecinos, incluso más débiles que Novgorod, fueron siendo anexionados paulatinamente, bien por conquista militar o diplomática. De este modo, se unieron a Moscú los principados de Yaroslavl, Rostov, Tver y Vyatka, manteniendo su independencia la república de Pskov sólo porque se alió de forma sumisa con los moscovitas.

Otro aspecto importante de la política exterior de Iván III fue la consecución de la completa independencia respecto a los tártaros de la Horda de Oro. En el año 1378, el bisabuelo de Iván, Dmitri Donskói, puso la primera piedra de esta emancipación venciendo a un ejército tártaro en la llanura de Kulikovo, tras una larga y sangrienta batalla. Poco más de un siglo después, en 1480 y tras décadas de tira y afloja, los ejércitos moscovitas, liderados por Iván el Grande, vencieron nuevamente a los tártaros en la ribera del río Ugra, poniendo fin al dominio tártaro en Rusia.

La desintegración posterior de la Horda de Oro en varios estados facilitó la labor del astuto Iván, quien hizo uso rápidamente sus dotes de estadista para cerrar sendas alianzas tanto con el Kanato de Crimea como con el Imperio Otomano, con el fin de hacer frente común contra el extenso pero algo debilitado Ducado de Lituania. Aprovechando su superioridad militar y diplomática, Iván decidió pegarle importantes bocados a la frontera lituana, donde el débil príncipe Alexander pretendió contentar a su agresivo vecino casándose con la hija de Iván, quien aceptó la boda pero, como se ve que no entendía muy bien de que iba eso de la dote, envió también sus ejércitos para conquistar amplios territorios y hasta veinte ciudades lituanas. “Me he liao, me he liao” se comenta que le dijo a su yerno.

En el aspecto puramente político, el monarca moscovita también desarrolló una activa y acertada actuación. En el norte buscó el acercamiento con la élite danesa de la Unión de Kalmar para así debilitar a su vez a los suecos; fomentó las relaciones diplomáticas con el Sacro Imperio Romano Germánico; y, como ya he comentado, cerró acuerdos con los incipientes turcos otomanos, que acababan de tomar Constantinopla, allá por 1453, finiquitando con ello el Imperio Bizantino. En relación a esto último, y con una doblez impresionante, se casó con Sofía Paleóloga, una sobrina del último emperador bizantino, ofrecida por el mismísimo papa Paulo II, el cual pensaba que así conseguiría que el ortodoxo Iván se pasara al Catolicismo. Lo que Iván III consiguió, por el contrario, es que su mujer se convirtiera a la ortodoxia y de paso le redecorara un poquito Moscú al estilo imperial, que la verdad es que le hacía falta porque con tanto territorio sometido y tanto pueblo subyugado no estaba de más demostrar algo de clase. De esta época provienen el águila imperial bicéfala del escudo ruso, muchos edificios del Kremlin y el boato de corte y palaciego que disfrutarían los zares posteriores. El toque más chic fue considerarse sacrosanto y reducir a los boyardos, la nobleza eslava local, a simples siervos. Aunque protestaron un poquito, el curtido monarca no tuvo problemas en meterlos en cintura y de paso nombrar heredero al hijo que tuvo con Sofía, Basilio III, en lugar de a su primogénito, fruto del matrimonio con su primera esposa, una noble rusa. Iván el Grande dejó a sus descendientes un estado tan sólido y poderoso que el hijo de este Basilio III, Iván IV, conocido como el Terrible, fue ya el último príncipe de Moscovia y el primer zar de Rusia.

jueves, 4 de agosto de 2011

miércoles, 3 de agosto de 2011

Civilization Revolution para NDS

La portada del juego para NDS
Está claro que mi memoria me juega malas pasadas, lo habéis podido comprobar hace unos días con el post en el que re-anunciaba en el blog la nueva película de Conan. No sé si será el exceso de trabajo o la evidente falta de sueño pero este juego se me pasó totalmente, y eso que ya tiene sus añitos y además soy un fan impenitente de la saga.

Pero bueno, como más vale tarde que nunca os voy a comentar mis impresiones después de un par de partidas con este juego. Para empezar la base del mismo parece ser el Civilization original, sí ése al que jugábamos hace muchos años cuando estábamos en el colegio (para muestra un botón, ¿os acordáis de la tecnología Enterramiento Ceremonial, que nosotros conocíamos como Ceremonial Burial?

Pantalla de presentación en la NDS
Pero no creáis que nuestro amigo Sid no ha aprendido de todos los juegos con los que nos han ido deleitando a lo largo de los años: fronteras culturales, mejoras y modernización de unidades, recursos, ventajas específicas de cada civilización...

Lo que a mí me preocupaba era cuál sería la experiencia de uso de un juego como este en una consola portátil que claramente no está pensada para él. Pero la realidad es que los chicos de 2K han conseguido un interfaz que usando los seis botones de acción y los cuatro de dirección se controlan perfectamente todas las opciones del mismo, sólo hay que acostumbrarse a lo que significa cada una en cada momento y estar atento a cada opción en cada momento.

La civilización española
Por cierto, como normalmente este es un tema polémico no os preocupéis, nuestra civilización está disponible en el juego (como no podría ser de otra forma).

Por ahora nada más, sólo decir que va a ser un magnífico compañero de viaje en el AVE, y os dejo porque tengo que jugar... sólo un turno más.