lunes, 10 de octubre de 2011

Futuro perdido, un poco de post-ap serie B

Si una cosa buena tiene estar recluido en casa con fiebre es que puedes aprovechar los intervalos de lucidez para ver el tipo de películas que normalmente no podrías disfrutar en familia, y como os imagináis estoy hablando de ésas fantásticas películas de serie B que tan difíciles se les hacen a vuestra pareja.

Esta en particular es lo que se viene en llamar un telefilme, vamos una película hecha directamente para televisión en la que ni de lejos se gasta lo mismo que para una producción cinematográfica pero que de todas formas no está mal para echar un rato.

Por supuesto no esperéis efectos especiales de infarto y la historia está hilvanada en base a muchos retazos de otras películas. Empezamos con un entorno similar a Apocalypto y acabamos viendo como los protagonistas tienen que realizar una misión al más puro estilo Fallout. La música deja que desear y los actores, a excepción de Sean Bean que parece que se ha hecho con un hueco en casi toda producción friki que se precie, son de segunda fila (a lo que el doblaje tampoco acompaña). Pero si estáis aburridos y tenéis hora y media que dedicar al frikismo es una opción mucho mejor que la mayoría de cosas que nos llegan desde la caja tonta.

domingo, 9 de octubre de 2011

STORM: Un proyecto de videojuego

A raíz de la entrada sobre Pioner One que publicamos hace unos días recordé haber visto hace algún tiempo un proyecto similar pero para un videojuego que los propios autores definen como similar a Fallout o Metro 2033.

En la página oficial de kickstarter tenéis más información al respecto pero teniendo en cuenta que han acumulado sólo 262$ de los 30.000$ que necesitan para realizar el proyecto muy problablemente no llegue a desarrollarse nunca.

De todas formas los vídeos que se muestran están muy por debajo de la calidad de los juegos a los que estamos acostumbrados últimamente, Fallout 3 y New Vegas son buenos ejemplos de calidad técnica, artística y de guión.

viernes, 7 de octubre de 2011

Rage.


Coches y tiros en ambiente post apocalíptico. La crem de la crem.





Página oficial.

jueves, 6 de octubre de 2011

Grandes en guerra (II).

En 1621, Gustavo II Adolfo el Grande, comandaba uno de los mejores ejércitos del continente y se dispuso a ponerlo a prueba conquistando la ciudad alemana de Riga, bajo protección de Polonia, produciéndose un recrudecimiento del conflicto entre ambas naciones. Por estas fechas fallece el monarca español, siendo coronado con tan sólo dieciséis años Felipe IV quien, como ya dijimos, nombra valido a su hombre confianza. El dúo Felipe IV-Olivares ha sido muy distorsionado por la literatura y el cine. Lo que más vende, sin duda, es imaginar a un rey vago y putero dominado por un ministro taimado y manipulador. Yo no creo que la relación entre ambos fuera tan extrema ni que el monarca estuviera sometido al valido, más bien creo que Felipe se dejó guiar por el conde-duque en una verdadera relación de amistad y confianza, compartiendo con él sus líneas políticas de actuación, pasando ahora a analizar los principales elementos de su política interior.

Felipe IV el Grande, llamado también el Rey Planeta, impulsó una política de unificación nacional en varios niveles: se fomentó el crecimiento demográfico; se impulsó la educación, dando cuerda a los jesuitas; se realizaron reformas legales para unificar la dispersa normativa; se acometieron reformas administrativas, tomando medidas para luchar contra la corrupción existente; y se aprobaron reformas fiscales con el fin de mejorar la recaudación. Sin embargo, estas actuaciones chocaron de lleno con la oposición de la influyente nobleza, quedando la mayoría en agua de borrajas.


Especialmente preocupante fue el fracaso al intentar aumentar los impuestos a la nobleza, ya que los ingresos no aumentaron lo esperado pero los gastos se dispararon a causa de la costosa política exterior, que luego analizaremos. Felipe IV y su valido el conde-duque de Olivares tuvieron entonces que recurrir a lo que ahora se llama ingeniería financiera, es decir, a inventarse cosas con tal de sacar pasta por donde fuera: subida de impuestos a las clases bajas; venta de juros y cargos públicos; devaluación de moneda; préstamos a banqueros judíos; incautación de metales procedentes de las Indias; nuevas contribuciones de las Cortes de Castilla; y, en última instancia, la bancarrota. Todo fue insuficiente para la política imperial, España sufrió una recesión económica gravísima acompañada de una inflación galopante.

Otro sonado fracaso a nivel interno fue la Unión de Armas, mediante la cual el monarca intentó asegurar la capacidad militar del imperio, forzando a cada uno de los territorios que lo formaban a aportar un número de tropas fijo, así como su mantenimiento económico. Hasta entonces Castilla venía soportando el peso económico y humano de la política exterior de los Austrias y sus incesantes guerras en Europa, y así siguió siendo ya que la Unión de Armas fracasó por la oposición interna, especialmente de Cataluña y Portugal.


En el plano exterior, el reinado de Felipe el Grande comenzó con una serie de ofensivas contra los protestantes holandeses en el marco de la Guerra de los Ochenta Años, iniciada durante el reinado de Felipe II, cosechando significativas victorias como la conquista de Breda por Ambrosio de Spínola o la defensa de Cádiz frente al desastroso ataque anglo-holandés. Para estas mismas fechas, 1625, Gustavo II Adolfo el Grande ya se había hecho con el control de toda Livonia y preparaba una nueva ofensiva hacia Prusia, bajo control polaco, que conquistó al año siguiente. En 1627 acuden en auxilio de la católica Polonia tropas del Sacro Imperio Romano Germánico, las cuales asedian la ciudad de Stralsund, aliada de Suecia. Aunque Polonia estaba vencida y se vio obligada a firmar la Paz de Altmark, cediendo a Suecia sus accesos al Báltico, los suecos se preparaban ya para implicarse definitivamente en la Guerra de los Treinta Años. Por su parte, en 1628, los españoles sufrían la desastrosa pérdida de la flota de Indias a manos del holandés Piet Heyn, quien se hacía con más de once millones de florines, que al cambio vendrían a ser una barbaridad de euros, céntimo arriba o abajo.

En 1629 el ejército imperial, al mando de Albrecht von Wallenstein, conquistaba Mecklemburgo, un estado protestante, y entraba en tromba por Jutlandia, obligando a la también protestante Dinamarca a rendirse. La supremacía sueca en el Báltico dependía de controlar y mantener territorios costeros demasiado cercanos a la zona de influencia imperial que estaba en expansión lo que, sumado al escenario de enfrentamiento religioso católico-protestante, abocaba a la guerra. Gustavo II Adolfo firmó un acuerdo con la católica Francia, más interesada en debilitar el eje hispano-imperial que en defender la fe verdadera. Mediante este pacto, el monarca sueco se comprometía a mantener un ejército permanente en suelo alemán a cambio de un cuantioso subsidio económico. Al año siguiente, el rey sueco desembarca con su ejército en Alemania, dispuesto a hacerse con el control de las cuencas de sus principales ríos.

Los ejércitos imperiales, ahora bajo mando del conde de Tilly, ya que Wallenstein cayó en desgracia, no pudieron frenar el avance sueco hacia el Oder e intentaron mantener el control de la cuenca del Elba capturando la ciudad de Magdeburgo, el principal bastión protestante de la zona, la cual fue saqueada siendo asesinado el ochenta por ciento de su población. Escarmentados por la escabechina, los príncipes protestantes alemanes se unieron bajo mando del rey sueco con el fin de presentar cara a las tropas imperiales. En la batalla Breitenfeld, en 1631, tenía lugar la mayor victoria militar sueca de toda su historia, siendo aplastado el confiado ejército imperial por el mejor dirigido y organizado ejército de Gustavo II Adolfo el Grande. El sur de Alemania se abría al avance sueco que prosiguió por el curso del Meno y el Rin. En la primavera de 1632 un nuevo ejército católico intentó frenar el avance sueco a su cruce por el río Lech, el resultado fue una nueva derrota y la muerte del mismísimo Tilly, demostrándose una vez más la superioridad táctica del rey sueco, quien ahora apuntaba directamente al Danubio.

El emperador Fernando II tuvo que llamar nuevamente al defenestrado Albrecht von Wallenstein para arreglar el desaguisado, el cual aplicó una estrategia conservadora eludiendo un enfrentamiento directo con los suecos y atacando a sus aliados protestantes, amenazando de ese modo las líneas de comunicación enemigas mientras se disponía a pasar el invierno acantonado.
Gustavo II Adolfo, lejos de jugar este juego, atacó el campamento imperial en pleno mes de noviembre de 1632, forzando la sangrienta batalla de Lutzen, en la cual encontró la muerte combatiendo en primera línea. Aunque los suecos se alzaron con la victoria, la eliminación de la figura irremplazable del monarca sueco debilitó considerablemente al bando protestante.

Zombies Run

No me he podido resistir a publicar esta noticia aunque ya está circulando por algunos blogs. Un curioso juego que nos invita a adentrarnos en un mundo lleno de zombies mientras hacemos deporte. Además el juego se convierte en cooperativo conforme más corredores de tu zona se van uniendo al reto.

Hay misiones, objetos que recoger, puntos a los que acceder para completar objetivos... vamos un conjunto bastante interesante que le da a la realidad aumentada y al rol en vivo una vuelta de tuerca que además nos ayuda a mantenernos en forma. Pero no tratéis de descargarlo del market aún porque no estará disponible hasta 2012. En la página http://www.zombiesrungame.com/ tenéis toda la información sobre el juego, espero que nos veamos por las calles corriendo con cara de pánico.


Grandes en guerra (I).

El siglo XVII europeo nos presenta a cuatro monarcas coetáneos que fueron conocidos por el apelativo de “el Grande”. Para acercarnos a sus reinados vamos a realizar un desarrollo cronológico del siglo, con el fin de analizar como fueron solapándose sus vidas.

Corría el año 1594 cuando nació en Estocolmo Gustavo Adolfo, hijo del por entonces duque Södermanland. Su padre resultó victorioso en el derrocamiento de su sobrino el rey Segismundo III, un ferviente católico y también soberano de Polonia, el cual se topó con la decidida oposición de los dirigentes protestantes suecos. El duque, coronado como Carlos IX, tuvo que hacer frente a una enconada guerra contra los católicos polacos, la cual se extendió a los escenarios bálticos de Rusia y Dinamarca.

El joven Gustavo Adolfo se crió en un ambiente militar, recibiendo instrucción de oficiales holandeses, no tenía Corte y gastaba muy poco en su persona. Con el tiempo representó el arquetipo de monarca-general que imitaron los reyes de Prusia. Mientras el joven príncipe aprendía las innovaciones técnicas impulsadas por Mauricio de Nassau, nacía en España, en 1605, el futuro Felipe IV. Pocos años después, en 1611, fallecía Carlos IX de Suecia, siendo coronado el nuevo rey con tan sólo diecisiete años. Gustavo II Adolfo heredaba una nación emergente sumida en una profunda crisis económica y con tres guerras abiertas. Lejos de amedrentarse, el joven monarca fue resolviendo de forma exitosa cada uno de los conflictos.

Mientras el grueso de las tropas suecas servía bajo mando de competentes generales en Rusia y se conseguía un respiro en el escenario polaco, el mismo Gustavo Adolfo se hacía cargo de la guerra contra Dinamarca recurriendo a tácticas de guerrilla. La Guerra de Kalmar tuvo un origen comercial ya que los suecos pretendían eludir el pago a los daneses por el paso a través del Estrecho del Sund, abriendo una nueva ruta comercial a través de Laponia. La estrategia empleada por el joven monarca sueco empantanó el conflicto y a los daneses empezó a salirles caro mantener sus tropas mercenarias, lo que unido a la intervención inglesa y holandesa, llevó al rey danés a aceptar la paz en 1613, mediante el Tratado de Knäred. A cambio de cesiones territoriales y compensaciones económicas, Gustavo II Adolfo consiguió paso franco por el Estrecho del Sund y liberar tropas para destinarlas a otros frentes.

Entre tanto, Rusia se encontraba en una caótica situación de interregno conocida como el Período Tumultuso, en la cual tanto polacos como suecos intentaban meter mano para ver quien colocaba a un zar afín en Moscú. En este escenario, el rey sueco postula en 1610 a su hermano como zar, estallando entonces la Guerra de Ingria. Mientras suecos y rusos se mataban unos a otros, en 1615, en España era nombrado gentilhombre de cámara del príncipe Felipe el conde de Olivares, de manos del valido de Felipe III, el duque de Lerma. En tan sólo siete años este ambicioso personaje ocuparía aquel puesto, anteponiéndose a otros candidatos de mejor posición y renombre, demostrando ya una gran habilidad política.

Entre tanto, en Rusia el general sueco Jacob De la Gardie sumaba varias victorias y tomaba importantes plazas forzando la firma del Tratado de Stolbovo, en 1617. A cambio de la devolución de Novgorod y el reconocimiento del zar Miguel I, los suecos consiguieron la cesión de los territorios rusos costeros al Báltico, perdiendo Rusia el acceso a dicho mar durante un siglo, hasta que se lo devolvió otro grande, Pedro I, de quien hablaremos a su debido tiempo. Gustavo II Adolfo, el León del Norte, cerraba así de forma brillante un segundo frente, ponía la primera piedra para el dominio sueco sobre el Báltico y podía por fin dirigir todos sus esfuerzos contra Polonia, dispuesto a acabar con la tercera guerra que había heredado.

Un año después, en 1618, estallaba la Revuelta de Bohemia, un conflicto local que se internacionalizó rápidamente y daría origen a la Guerra de los Treinta Años. El nuevo emperador Fernando II, un Habsburgo ultracatólico emparentado con los monarcas españoles, se encontró de mierda hasta el cuello con una revuelta protestante de la nobleza bohemia que cuestionaba su corona y le tenía hecho el Sacro Imperio Romano Germánico unos zorros. Como no podía con todo lo que se le venía encima, llamó a sus primos españoles quienes, tontos del culo, se pringaron en una guerra a nivel continental que dejó a España deslomada, especialmente a Castilla, y apeada de la supremacía europea. A lo largo de estos artículos iremos exponiendo el desarrollo del conflicto que implicó activamente la participación de hasta tres de nuestros “grandes” personajes.

Al mismo tiempo, mientras reunía y reforzaba su ejército, Gustavo II Adolfo de Suecia impulsaba importantes reformas internas en su país, demostrando una buena capacidad de gestión: se mejoraron tanto el sistema fiscal como el judicial; florecieron las explotaciones mineras y el comercio; se impulsó la construcción de nuevas ciudades e incluso la fundación de una colonia en Norteamérica, la futura Nueva Escocia; y se fomentó la educación, en especial la universitaria;. la política expansionista sobre las costas bálticas fue complementada con un ambicioso programa de construcción naval cuyo máximo exponente fue el malogrado Vasa.

Pero la actuación más determinante del monarca sueco a nivel interno fue la reordenación de la defensa nacional, debido a las implicaciones que sus acertadas medidas tuvieron en la creación y defensa del incipiente Imperio Sueco. De este modo, se llevó a cabo la creación de un ejército permanente y organizado, imponiendo un sistema de rotación en el servicio militar a las clases bajas. Se reformó todo el orden de batalla del ejército, formando la infantería en unidades más pequeñas y en filas con menos grosor, reforzando la potencia de fuego de los regimientos mediante el aumento de la proporción de mosqueteros y la mejora de sus armas, dotándolos incluso de pequeños cañones capaces de ser manejados por dos infantes. Así mismo, se impulsó el uso de la caballería como fuerza de choque directa, retomando la carga a la espada en detrimento del uso de desfasadas tácticas de caracola, a la vez que se mejoraban las piezas de artillería y su cadencia de disparo. Por su parte, la oficialía provenía de la nobleza sueca, alcanzándose un alto grado de profesionalidad.

Pese a todos los avances en el ejército nacional, Suecia basó, al igual que el resto de países de la época, la mayor parte de su capacidad militar en mercenarios. En este caso, principalmente escoceses y alemanes protestantes, los cuales fueron alistados a miles por el monarca. Tanto la contratación de mercenarios como el resto del aumento del gasto militar fue una carga muy pesada para las arcas de la Corona. El rey fracasó en su intento de aumentar la carga fiscal sobre los nobles, aumentando sólo la de las clases populares, permitiendo además que el ejército se dedicara al saqueo para subsistir, a la vez que buscaba ayuda internacional para obtener financiación, la cual vendría finalmente a través de la Francia de Richelieu. El país entró en una dinámica en la cual la guerra se convirtió en una verdadera industria nacional que necesitaba la existencia de guerras para mantenerse a flote.